¿De Churchill a Maduro?

13 julio, 2020

La pandemia nos expuso a metáforas bélicas. Frente a la emulación, surgió el concepto de que ante tamaño desafío solo la unidad nacional podía ser la fórmula para derrotar al enemigo. Todo parece indicar que la sombra de Churchill se disipa y emerge con fuerza la de Maduro.

Por Matías Lobos. Director de Enlace y Estudios de La Plata, Ex Subsecretario Nacional de Fronteras y de Formación Policial y Programas de Seguridad, y dirigente de Juntos por el Cambio.

La pandemia nos expuso a metáforas bélicas. La idea de que nuestra Nación atravesaba un enfrentamiento con un ejército invisible al que no podíamos ver y que se apoderaba de nuestros barrios, de nuestras calles, de nuestras casas; fue una imagen recurrente a la que apelaron con insistencia metódica gobernantes y medios de comunicación, tanto en nuestro país como afuera de él.

Frente a la emulación de una situación bélica surgió el concepto de que frente a tamaño desafío solo la unidad nacional podía ser la fórmula para enfrentar y derrotar la pandemia.

Si observamos en la historia mundial, diversos procesos nos dan claves para entender las condiciones que se deben dar para convocar a la unidad nacional. Tres condiciones aparecen de manera concurrente: primera, la amenaza externa; segunda, el consenso social amplio; y tercera, la predisposición de los actores políticos a trabajar de manera conjunta a pesar de las diferencias y de los enfrentamientos.

Podríamos tomar varios ejemplos históricos; pero sin duda alguna, el que nos viene con mucha facilidad para reflejar un gobierno que actuó en el marco de la unidad nacional; es el de Churchill en los tiempos que condujo los destinos del Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial.

Si posamos nuestra mirada en nuestra coyuntura reciente, podemos comprobar que durante los primeros 45 días de aislamiento social obligatorio parecieron sobrevolar sobre la escena nacional las condiciones antes mencionadas. El amplio consenso social sobre la medida tomada, los altos índices de aprobación sobre los gobernantes, y las primeras mesas conjuntas de trabajo en común entre los dirigentes de signos políticos diversos; parecían ser el preludio de un gobierno de unidad nacional. La sombra de Churchill parecía asomar en el firmamento argentino.

Pasados los primeros 45 días de cuarentena, una serie de acontecimientos comenzaron a resquebrajar el concepto de unidad nacional. Tres de ellos merecen ser remarcados. En primer término, la tan mentada correcta gestión sanitaria de la pandemia comenzó a mostrar su ineficacia en lo que respecta a la búsqueda de contagiados y aislamiento del virus, siendo su desenlace la vuela a fase 1 luego de 100 días de aislamiento. En segundo, el abordaje de la pandemia jamás priorizó de igual forma que la agenda sanitaria la mitigación de los daños en el entramado socio productivo del país, llevando a que nuestro país tenga los peores indicadores mundiales en materia de recesión y estancamiento económico. El famoso proyecto de un Consejo Económico Social y Productivo quedó para después, cuando justamente era en la pandemia donde debía formarse y trabajar 24 x7 con todos los actores involucrados. Y en tercero, la falta de resultados positivos en los dos términos antes descriptos, condujo a una puesta en agenda de temas que provocan división profunda en la sociedad y le permiten al gobierno nacional recostarse sobre su base social tradicional. El episodio de la liberación de presos, los ataques al ex presidente con hipótesis contra fácticas, y el proyecto para expropiar VICENTIN; son algunos ejemplos concretos sobre lo expuesto.

A modo de reflexión final. Asomaba la sombra de Churchill, pero la dinámica de los acontecimientos nos muestra un gobierno que vuelve a los rasgos ya conocidos y vividos en carne propia por la sociedad, siendo cada vez más notorio que estamos en presencia del 4to gobierno kirchnerista; ya que a todo lo sostenido no podemos pasar por alto un dato clave: el espacio de la Vicepresidenta gana posiciones en el bloque oficialista y se torna evidente que el poder real se deposita en ella. Todo parece indicar que la sombra de Churchill se disipa y emerge con fuerza la de Maduro.

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