Modelos que deforman

8 julio, 2020

Muchas veces se dice que “el modelo modela” y nada parece más cierto que esa afirmación. Soy parte de una generación que se formó en su niñez y en su juventud con modelos muy fuertes.

Por Lic. Jorge Benedetti

En la escuela nos presentaban al Gral. San Martín o a Belgrano (solo por citar dos casos) como patriotas ejemplares, desinteresados, que dieron todo de sí para la Patria y además como modelos de personas, poniendo como ejemplo de su personalidad desde las “Máximas” de San Martín para su hija Mercedes, hasta la actitud religiosa con que Belgrano formaba a sus soldados, para no hablar de su dignidad, valentía y coherencia.

Más adelante y con independencia de partidismos, los modelos de Hipólito Irigoyen, como un fuerte luchador por la democracia y contra del fraude, del Gral. Perón por su defensa de la soberanía y su esfuerzo para alcanzar la justicia social o de Eva Perón por su entrega por los desposeídos, fueron modelos que nos ayudaron a forjar nuestra personalidad.

Paralelamente la Iglesia nos ponía modelos de hombres y mujeres que habían vivido la pobreza (San Francisco), la entrega por los desvalidos (la Madre Teresa), o el esfuerzo por la integración y formación jóvenes en riesgo (San Juan Bosco), por solo citar algunos ejemplos. Pero esto no es, ni era, patrimonio exclusivo de la Iglesia Católica, hice gran parte de mi secundario en una escuela protestante y los modelos valorativos que me presentaron siempre me ayudaron en mi formación, al igual que lo hacen tanto la Iglesia Judía como la Islámica.

También hicieron a nuestra educación grandes hombres de otros países u otros continentes, por su lucha, dignidad y entrega por sus pueblos y por la humanidad toda.

En este momento y en tiempos de globalización, los niños y jóvenes en particular y los pueblos en general, se encuentran con una orfandad de modelos que es verdaderamente alarmante.

Desde dirigentes políticos como Berlusconi, Trump, o Bolsonaro, verdaderos anti modelos (o modelos que deforman), hasta algunos de nuestros últimos, que se destacaron por su “viveza” o capacidad danzante y no por su entrega y amor a la patria, asustarían al gran Discepolín que había padecido el “Cambalache” de principios del siglo pasado.

Paralelamente la escuela vive al ritmo de un relativismo preocupante, donde pareciera que no se debe alentar ningún tipo de modelo positivo y ajustado a nuestra historia y cultura, pues la globalización no puede obligarnos a desdeñar de nuestras tradiciones y valores.

Pero aparece un mecanismo altamente modelador como son los grandes medios de comunicación, los que se han vuelto en un elemento nocivo para la formación de nuestros niños y jóvenes y para el sostenimiento de una comunidad, que necesita imperiosamente organizarse para poder sobrevivir en el mundo actual.

Muchas veces hemos dicho que la familia era la célula básica de nuestra sociedad y que atentaban contra ella los regímenes totalitarios sean de derecha o de izquierda. Pero hoy vemos que los medios ensalzan no el trabajo, no el amor filial, no el respeto mutuo, sino contrafiguras marcadas por escándalos, donde todo vale, para tener un ratito de fama y dinero.

Si esto es preocupante, mucho más cuando sale a la luz, por acción de la justicia, que algunos periodistas han manchado la profesión y no han tenido a Mariano Moreno como su mentor, sino que pareciera -por el contrario- que fueron modelados por “el Gordo” Valor o alguno de sus secuaces, donde han mentido abiertamente, en complicidad con “servicios” a los que cuesta trabajo calificar como “de inteligencia” (sin duda la inteligencia es otra cosa), cobrando dineros de “fondos reservados” o con suculentas remuneraciones a esposas o familiares y su investigación es denunciada por una gran cantidad de colegas, como un “atentado a la libertad de prensa”

Sería como pensar que si un empresario es encontrado robando (inclusive al fisco) y se lo juzga por ello, eso fuera atentar contra la libertad de empresa, o si a un dirigente sindical se lo multa por una infracción de tránsito, un accionar contra los derechos de los trabajadores.

Seamos serios, defender como modelos a periodistas que han mancillado su profesión faltando a la verdad es algo realmente grave. Son modelos que deforman, pretender lo contrario es atentar contra nuestra comunidad.

Se proclama que se quiere encarcelar a un periodista, pienso que si es por actitudes que en el barrio se califican como “chantadas”, no es necesario, pues si habría que encarcelar a todos los chantas que pululan por los medios no nos alcanzarían las cárceles del país. Si por el contrario sus acciones han dañado a la comunidad y son violatorias de las leyes, deben ser juzgados por la legislación vigente y condenar a quienes han sido malos ejemplos, puede ser un gesto que modele mejor a nuestros jóvenes y a nuestra comunidad toda.

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