Cuarentena: una minoría impulsa operaciones y campañas de desestabilización

29 mayo, 2020

Un grupo de referentes de la oposición, artistas, economistas, periodistas, libertarios y residentes de countries en contra del confinamiento obligatorio fomentan la desobediencia civil en nombre de las libertades individuales. El sociólogo Sebrelli, uno de los impulsores.

Por Franco Pistone

En la décima semana de “la cuarentena más larga del mundo”, como la llaman algunos, es notable la pérdida de paciencia de gran parte de la población. A pesar de que en el AMBA –la zona más afectada por el coronavirus– un 77,7% de las personas manifestó estar totalmente de acuerdo con la cuarentena y un 20,3% parcialmente de acuerdo, un grupo minoritario de la sociedad (el 2% en esta zona) impulsa campañas para desestabilizar al Gobierno y así terminar con el aislamiento obligatorio.

Esta postura sobrerepresentada en la agenda pública es aún más discutible si se tiene en cuenta que en los hogares pobres el grado de adhesión aumenta a 83,5% y en los lugares más pudientes el fenómeno es inverso. Además de la marcha de libertarios y nacionalistas en Plaza de Mayo durante el 25 de mayo, ese mismo día encontramos otra movilización de residentes de barrios privados de Tigre que, desde sus autos, reclamaban: “Queremos mucamas y salir a correr”.

El ideario de estos grupos que acusan de religiosos o fanáticos a los que defienden la cuarentena tiene que ver con un desconocimiento de la situación planetaria que se traduce en irresponsabilidad. En la Plaza de Mayo los manifestantes sin barbijo ni distanciamiento social conspiraban la inexistencia del virus que ya lleva más de 5 millones de infectados y 360 mil muertes a escala global. “Descerebrados”, fue la calificación que encontró el ex juez de la Corte Suprema, Eugenio Raúl Zaffaroni.

Pero no es solo gente de a pie la que aboga por sus libertades individuales en un contexto donde la forma de salvarse es mediante el pensamiento colectivo. Un sector de la oposición, que por no ocupar posiciones de gestión pública ha quedado desterrada de la agenda política, se aferra a las cámaras y advierte a los gritos sobre una “dictadura de los científicos”. Así, aparecen personalidades como Patricia Bullrich, presidenta del PRO, asegurando que “el Gobierno se enamoró de la cuarentena” o Alfonso Prat Gay, ex ministro de Hacienda y Finanzas de Mauricio Macri, indicando que el confinamiento obligatorio está destrozando la economía. Ni un pelo se le movió.

Esa es la única forma de apalancarse en un escenario donde los mismos intendentes y gobernadores de ese espacio –que sí tienen responsabilidades de gestión– colaboran con el Ejecutivo nacional y, en algunos casos, son más estrictos que Alberto Fernández para con el aislamiento. En la falsa dicotomía entre salud y economía, piden una apertura de la última para no hundir el barco, pero los datos en el mundo no indican lo mismo. En países como Brasil, México o Suecia, donde no se dispusieron cuarentenas –o no se cumplieron rigurosamente–, los resultados económicos fueron igual o más catastróficos y con el agregado de miles de muertes.

Los mismos que se asombraban por la organización y efectividad de China al cerrar una provincia entera para la no propagación del Covid-19 hoy se escandalizan ante el vallado perimetral de Villa Azul, ubicada en el límite entre Quilmes y Avellaneda. “Un gueto como el de Varsovia”, califica el sociólogo antiperonista Juan José Sebreli. Otros, como el bailarín Maximiliano Guerra, hablan de “guetos” a secas. Algo que les valió el repudio del Llamamiento Argentino Judío por “la burda banalización de uno de los hechos más trágicos de la historia mundial”.

Uno de los indicios más ilustrativos de estas campañas son las fake-news que circulan en WhatsApp para deslegitimar al Gobierno. También, organizaciones de marchas anticuarentena y cacerolazos en nombre de la “libertad”. Incluso historias como supuestos aprietes del Ejecutivo a los dueños de la empresa de pinturas Sinteplast para que contrataran en blanco a 100 militantes de La Cámpora a cambio del otorgamiento del 50% de los sueldos de sus empleados, algo que está estipulado en el programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP) bajo el decreto nacional 332/20.

Aunque la angustia ante una situación tan excepcional es general, las operaciones mediáticas en contra de la responsabilidad la impulsa un sector minoritario sobrerepresentado. Sus intereses poco tienen que ver con lo sanitario y su modus operandi es a través del miedo, el pánico y la apología a la desobediencia civil.

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