Cómo resolver la propagación en las villas en el corto plazo

21 mayo, 2020

La situación en los barrios populares del AMBA requiere inmediatez. El acceso al agua y la descentralización de su población son clave para que el virus no siga propagándose a un ritmo incontrolable.

Franco Pistone.

La pandemia evidenció aún más lo que las organizaciones sociales se cansaron de reclamar durante décadas. Las diferencias sociales quedaron completamente expuestas con el advenimiento de la crisis sanitaria y económica. Las villas, aquellas zonas que fueron relegadas durante tanto tiempo, se convirtieron en potenciales focos de propagación mucho más virulentos que el resto de los barrios. La falta de urbanización, que antes afectaba solamente a las personas que viven allí, hoy afecta a todo el resto de la población.

Según el último relevamiento de la organización TECHO, en los barrios populares de la Argentina viven más de 3 millones de personas. La mitad de ellos se encuentran en la provincia de Buenos Aires y el 95% de los que las habitan no poseen acceso a agua potable ni red cloacal. En la Ciudad de Buenos Aires la concentración demográfica de las villas es mayor. Solo en la 31 y 31bis viven 43 mil personas.

A un mes de la primera aparición de un caso positivo de Covid-19 en los asentamientos de CABA los números ya son alarmantes. Los infectados allí superan los 1.600 y representan el 35% de los contagios en el distrito.

HACINAMIENTO

La densidad poblacional en las villas del AMBA es la principal causa por la que la velocidad de duplicación de casos en esos lugares es 9 veces mayor que en el resto. Frente a esto, hay quienes proponen un plan de emergencia total en los asentamientos. El arquitecto Oscar Balestieri, ex secretario de Vivienda bonaerense y ex director de Obra Pública porteño, habló con La Noticia Web y dijo: “Esto hay que atacarlo de frente. Así como se disponían de hoteles para que la gente que venía de Europa o de Brasil hiciera la cuarentena, hoy hay que sacar a la población en peligro de las villas y usar los hoteles”.

“En la Villa 31 hay 1200 viviendas que están vacías”, afirmó el ex funcionario. Se construyeron y les pidieron a los habitantes del barrio que firmaran una hipoteca. Pero muchos de ellos ya tienen resuelto en sus casas el tema del trabajo; porque tienen un lavadero, un kiosquito, un taller. Y esos departamentos no les sirven. No obstante, no solo dentro de los asentamientos se da este fenómeno de casas inhóspitas. Según la ministra de Vivienda y Hábitat de la Nación, María Eugenia Bielsa, “existen dos millones de viviendas que no están ocupadas”. En este sentido, la experta aseguró: “Si nosotros logramos incentivar para que esas viviendas estén en el mercado, el déficit se achicaría”.

Se trata de inversiones especulativas que, en cierto punto, parecieran desconocer la situación excepcional que está atravesando el mundo. Algunos proponen una fuerte suba de impuestos que obligue al especulador inmobiliario a vender o alquilar, y de esa manera generar un descenso en los precios de los alquileres.

“En la Villa 31 hay 1200 viviendas que están vacías”.

“Las villas realmente hacinadas son las de la Ciudad de Buenos Aires. Porque cuando vos te vas a La Matanza encontrás barrios que no tienen esa cantidad de hacinamiento. En la Villa 31 por ejemplo tenés 5 pisos de altura. En las del conurbano son generalmente todas de planta baja”, cuenta Balestieri. Sin embargo, si bien en menor medida, estas situaciones se viven por fuera de la General Paz. La Noticia Web habló con Cintia Gutiérrez, referente de la villa La Cava, San Isidro. “Hay un montón de viviendas que no tienen cloacas y donde las instalaciones de las luces son precarias. Hay gente que está viviendo en unas casas que se llaman ‘casas precarias’, que son dos piecitas y un baño para 6 o 7 personas”, describe la vocera de la fundación EnBarriarte.

Gutiérrez explicó que La Cava tiene pendientes, bajadas, escaleras. “No es toda una parte llana donde podés decir ‘bueno, reubico esta gente para poder abrir una calle’ porque, cuando querés hacerlo, en cada casita tenés 5 familias a veces”. Y si en el reasentamiento, esas 5 familias quedan asignadas a una sola casa nuevamente, es exactamente lo mismo.

AGUA

Hay que hacer llegar el agua a los barrios como sea”, afirmó Balestieri. Según el ex funcionario, en 2019 la Ciudad destinó 190 mil pesos por habitante para gastar en obra pública y que ese dinero fue a bicisendas, veredas y metrobuses. “Mientras se hacía todo eso, en las villas no llegaba el agua”, criticó. La Matanza, ese mismo año, dispuso 14 pesos por habitante para resolver los problemas. “Hay una sociedad que está aplicando mal sus recursos. La Matanza nunca lo va a poder resolver, y la CABA, que lo puede resolver, lo gasta en maceteros que cuestan 20 mil pesos”, opinó el arquitecto.

La situación que se vive en el barrio popular más grande de San Isidro es preocupante. “Es mucha más la gente que no tiene cloacas que la que sí. En la Cava Grande no hay agua potable. El otro día una vecina subió una foto donde el agua salía negra”, contó Gutiérrez.

“Hay una sociedad que está aplicando mal sus recursos. La Matanza nunca lo va a poder resolver, y la CABA, que lo puede resolver, lo gasta en maceteros que cuestan 20 mil pesos”.

En esta situación de emergencia, “el mundo está trabajando a cortísimo plazo”, como dice Balestieri, quien propone una mayor inmediatez en las medidas. “Las redes de agua tienen un montón de requisitos técnicos, pero todo eso es para una obra que vas a hacer para los próximos 50 años. Ahora, si yo tengo que darle agua a la gente que sino puede morir, tiro un caño por la calle y conecto como sea. Y con vigilancia, para que nadie lo rompa”, dijo. Asimismo, afirmó: “El agua tiene que llegar la semana que viene, no mediante una obra que para hacerla en serio pueda llevar 6 meses de ejecución”.

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