Cambiemos sale de la Cuarentena y convoca un nuevo cacerolazo para el 5 de abril

1 abril, 2020

Desde redes sociales, con respaldo de algunos medios y alentados por intereses de sectores privilegiados que están a la expectativa con el futuro económico, referentes de Cambiemos alentaron y festejaron el cacerolazo del 30 de marzo. Y ya convocaron para uno nuevo en los próximos días. Los amarillos buscan recuperar terreno político y aparece una interna entre duros y blandos.

Por César Morielli

El núcleo duro de Cambiemos violó la cuarentena política y repitió la única fórmula que le trae resultados: alimentar la grieta con respaldo mediático. Las motivaciones también son parte de un universo conocido: reaccionar para defender intereses de los sectores más poderosos. Los últimos días aportaron contenido a una agenda ocupada únicamente con la pandemia del Coronavirus y el discurso oficialista.

Desde el bunker amarillo redoblaron la apuesta, y al encubierto (o no tanto) aliento del cacerolazo del pasado 30 de marzo le sumaron el convite para repetir la iniciativa el próximo 5 de abril.

En Cambiemos buscaron sentar posición al aviso que lanzó Alberto Fernández a los grandes jugadores del sector económico. “Van a tener que ganar menos”, dijo el presidente. ¿O fueron esos sectores privilegiados los que utilizaron a Cambiemos como espada política? En la oposición se pusieron como estandartes defensores de los intereses sectoriales de Techint y a las grandes corporaciones, que salió a la cancha despidiendo 1450 personas. Una empresa vinculada a Nicky Caputo en Tierra del Fuego hizo lo propio con 740 empleados. En la pandemia, la oposición apostó por alejarse de las necesidades de los sectores trabajadores.

La estrategia: desviar el debate hacia un recorte de sueldos de la plana política.

BANQUEMOS… UN NUEVO CACEROLAZO

El periodista Jorge Rial difundió un mensaje que circuló por celulares en estas horas. Adjudicó el contenido a Marcos Peña. Allí se pone nombre al grupo opositor en épocas de coronavirus: Banquemos. Convocan a un nuevo cacerolazo para el 5 de abril, con una andanada de reclamos que ya habían tenido respuesta con distintos decretos de Alberto Fernández: beneficios para PyMes, fondos de asistencia, créditos para pagar sueldos, postergación de pagos de tarjetas de créditos y otros etcéteras.

Estos días no fueron más que la intentona de Cambiemos de recuperar cierta iniciativa política. Pero sin poner el cuerpo ni el nombre. Ningún dirigente del macrismo puede salir a cuestionar demasiado en la esfera pública. Hay cierta desautorización social a la moral de representantes del exgobierno a la hora de salir a criticar. Solo quienes están gestionando parecen mostrarse a la altura de las circunstancias, incluso los cambiemistas que gobiernan en distintos distritos. Entonces para hacer política se pusieron a representar a Techint, de Paolo Rocca, y a todas las corporaciones, a través de ciudadanos comunes que salieron a enviar un mensaje con sus cacerolas, fogoneados por redes y por algunos medios que siempre fueron afines al macrismo.

Como dato vale agregar que un par de días antes de la intentona opositora, ya se venía conversando entre los legisladores la posibilidad de hacer recortes. Quien encabezó esa iniciativa fue Sergio Massa, el titular de la cámara de diputados.

Enseguida, salió a celebrar Patricia Bullrich en twitter. Los hilos son demasiado robustos. La exministra fue nombrada dentro del gobierno porteño el 27 de marzo. No se sabe bien qué cargo tiene o que rol desempeña ni cuál es su función, pero responde a una discusión partidaria y la presión para que el Jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta pueda darle un lugar que le brinde cierta participación mediática.

Allí florece la lucha entre duros y blandos en Cambiemos. También en la red del pajarito la propia Elisa Carrió reapareció con fuerza. Condenó a quienes intentan sacar un provecho personal de la crisis y felicitó a Larreta por su buena gestión.

Con su silencio los que también marcan posición son los radicales. Antes del coronavirus apareció un ala crítica que plantea modificar la toma de decisiones, con dirigentes que muestran un estilo diferente a la reverberancia amarilla. El intendente de San Isidro Gustavo Posse se adelantó reduciendo su sueldo y el de sus funcionarios. Actuó políticamente evitando alterar los ánimos en el escenario social.

ALBERTO FERNÁNDEZ FAVORECIDO POR LAS ENCUESTAS

Luego del primer fin de semana de cuarentena aparecieron encuestas que pusieron en alerta a los más duros de la oposición. Las mediciones entregaron un mensaje: el 40% macrista estaba absolutamente licuado. Hasta Susana Giménez salió a expresar que los votantes amarillos estaban “poseídos” luego del triunfo de Alberto y que en esta crisis el presidente estaba haciendo lo correcto. En las trincheras opositoras alertaron rápidamente que el electorado puede diluirse muy fácilmente si no le lanzan carnada a base de grieta casi de manera cotidiana. Solo se mantuvo en pie el Jefe de Gobierno porteño, que mostró un crecimiento fuerte en la interna contra los más duros.

Alberto Fernández decretó la cuarentena obligatoria el 20 de marzo. Entre el peligroso escenario sanitario y las urgencias de una economía que no soporta ningún cimbronazo, el panorama se presenta preocupante para el corto plazo de la Argentina. Pero la decisión del presidente parece haber sido la correcta. No hubo voces disonantes, ni afuera ni adentro del país. Y la oposición acompañó. El diputado nacional Mario Negri, vocero del radicalismo, expresó que todos estarán encolumnados detrás del “comandante en jefe en la guerra contra el coronavirus”. La coyuntura encontró a Axel Kicillof y a Horacio Rodríguez Larreta trabajando a la par. También a los intendentes de distintos colores. La aprobación de los dirigentes políticos con responsabilidad de gestión subió hasta las nubes. La ciudadanía reconoció que en la acuciante actualidad todos estén abocados únicamente a la toma de decisiones para dejar de lado el duelo discursivo. El presidente llegó al 90% de imagen positiva en la gestión de la crisis. Los medios actuaron de manera unísona, y con diferentes estilos, en favor de resaltar las medidas de gobierno. Y muchos comenzaron a hablar de una nueva etapa y del final de la grieta. Entretanto, el trollaje descansaba.

Autor: Leandro Gillig – IG: lean.1822 – para Revista Hamartia

 

En las conmemoraciones por el 24 de marzo se advirtió la circulación en redes de un discurso recalcitrante que estaba postergado. Nadie sabe dónde se encuentra el exjefe de Gabinete Marcos Peña, pero a la luz de los acontecimientos no es difícil advertir que adhirió al home ofice de la cuarentena y se puso a trabajar con las redes. Desde allí se gestó el cacerolazo del 30 de marzo. Y llegó como respuesta obvia e inmediata a las reacciones del oficialismo frente al anuncio de Techint de echar a 1450 trabajadores en plena pandemia.

En los primeros días de cuarentena el macrismo desapareció del mapa de la opinión pública y mediática.

La maquinaria troll se había puesto en marcha para repudiar los recuerdos de los 30 mil desaparecidos, y los engranajes entraron en calor. Se activaron cuentas que no tenían actividad desde hace muchos meses. Y desde allí comenzó a circular la idea, rápidamente, de que los políticos se recorten el sueldo.

EL FONDO DEL DEBATE ECONÓMICO

La quita en la remuneración de los funcionarios políticos es una iniciativa ultra discutida, hace muchísimo, que puede brindar buenas señales a la ciudadanía pero que ya se sabe no aporta casi nada a la macro economía ni a la solución de los problemas reales. Pero apareció como reacción a las declaraciones de Alberto Fernández, que públicamente condenó la “miserable” actitud de echar gente y avisó que llegó el momento de “ganar menos” para esos sectores tan privilegiados. El presidente avanza sobre una idea que reina en todo el mundo, repensar la lógica del capitalismo.

En su programa de TV, el colega Alejandro Bercovich, hizo un cálculo: cobrar un impuesto a los capitales más importante de la Argentina representa ingresos para las arcas estatales 144 veces más grande que el recorte de salarios de la planta política.

El asesor presidencial Leandro Santoro parece haber dado en la tecla en sus últimas apariciones. Dijo que hay que animarse a discutir el rol del poder real y las prioridades del capitalismo. No es una cosmovisión exclusivamente argentina.

El debate en Cambiemos deberá ser si forman parte de un colectivo diverso de la política nacional que intentará poner al país de pie luego de la pandemia, o si seguirán representando los intereses sectoriales de los capitales más privilegiados.

POLÍTICA EN PANDEMIA

El panorama para lo que viene es desolador. Ni los economistas más experimentados logran mensurar cuán grande será la crisis que viene y lo que dejará la pandemia en todo el mundo. La ciudadanía parece haberlo advertido. Y allí, los adversarios deben reformular su épica discursiva. ¿Cómo hacer política sin esmerilar la necesidad absoluta de ayudar para resolver los grandes problemas que vienen?

La decisión del gobierno es bastante sencilla: los sectores marginales, populares, y de la clase media hacia abajo, ya no pueden hacer esfuerzos. No tienen cómo. Se necesitará la ayuda de los que más tienen, pagando algunos ingresos extras, garantizando la producción y abastecimiento, manteniendo los puestos de trabajo y los precios, pagando salarios en tiempo y forma. Y el gobierno aportará todas las facilidades que sean posibles. Lo mismo deberán hacer las entidades bancarias. Nadie puede sacarle el pecho a esta situación.

En el nuevo juego, los más poderosos empiezan a defenderse anticipadamente con sus espadas políticas, las mismas que sembraron el terreno económico los últimos cuatro años para permitir que, por ejemplo, los directivos de Techint puedan blanquear 9.100 millones de pesos durante la gestión de Mauricio Macro, o que la empresa haya recibido en 2019 subsidios estatales de 300 millones de dólares. Tampoco esquivan las causas de corrupción. Los nombres de integrantes de la firma aparecieron en causas como Panamá Papers o en los cuadernos. Pero mágicamente muchos fueron beneficiados con la “Ley del arrepentido”.

Bastante diferente es la actitud del sector PyMe, un espacio que está visiblemente perjudicado por la nueva coyuntura. Muchos tienen propuestas para hacer, y también cuestionamientos para algunas decisiones presidenciales. Pero plantean sus reclamos sin virulencia. Están preocupados y esperan que las decisiones de Casa Rosada los ayuden a pasar el mal momento.

Hoy día, el 40% parece haberse reducido, más allá de las carnadas que se lanzan desde redes sociales.

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