Los curas villeros se reunieron con Alberto Fernández y ofrecen sus parroquias para albergar a los adultos mayores

26 marzo, 2020

Las misas están suspendidas y se ofician a distancia, por Facebook o incluso por YouTtube. Pero las parroquias, especialmente en las villas y los barrios populares, están abiertas todos los días. Varias de ellas, como las de las villas La Cárcova, de José León Suárez, y 21-24 de Barracas, pusieron sus espacios a disposición de la cruzada contra la pandemia y habilitaron lugares para que los vecinos que no pueden cumplir el aislamiento en sus casas, por problemas de hacinamiento, lo hagan en las parroquias.

«Creció fuerte la demanda de alimentos. Mucha gente no puede hacer changas y acude a la parroquia para pedir comida y plantear otras necesidades que van surgiendo», comentó uno de los curas de la parroquia Virgen de los Milagros de Caacupé, en la villa de Barracas, que multiplicó la atención de los comedores comunitarios.

Varios curas de villas de emergencia y barrios populares de la Capital y del conurbano tuvieron una reunión con el presidente Alberto Fernández, en Olivos. «Compartimos las miradas sobre cómo impacta el coronavirus en nuestros barrios y cómo tener en cuenta las particularidades de las villas y los barrios populares en la cuarentena. Ofrecimos nuestras capillas y espacios para que la gente pueda hacer el aislamiento», explicó uno de los sacerdotes presentes en el encuentro. Esos sitios no están pensados para los que tengan síntomas del Covid-19, pero sí para quienes presentan cuadros menores y evitar que colapse el sistema de salud.

El Presidente recibió a los curas junto a Máximo Kirchner, Gustavo Beliz y Andrés Larroque . Concurrieron el obispo Gustavo Carrara, vicario episcopal para las Villas de Emergencia, y los padres José María Di Paola, Lorenzo de Vedia, Juan Isasmendi, Eduardo Drabble, Niciolás Angellotti y Carlos Olivero. Previamente, los sacerdotes se reunieron con el ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, para analizar cuestiones vinculadas con la infraestructura necesaria para enfrentar la pandemia en los barrios vulnerables.

HOSPITAL DE CAMPAÑA

En tiempos de «crisis sociosanitaria», el padre Angellotti, a quien todos llaman Tano en la parroquia San José, de los barrios Puerta de Hierro, San Petersburgo y 17 de Marzo, de La Matanza, destinó el complejo Tierra-Techo-Trabajo, en el que los vecinos realizaban actividades deportivas, para levantar un centro de salud de campaña. La idea es armar «carpones de salud», al estilo de las carpas levantadas por el Ejército en el Hospital Militar Reubicable de Campo de Mayo, para facilitar la prevención y promover el aislamiento comunitario.

Además, un equipo de médicos recorre los hogares de abuelos y centros comunitarios de recuperación de adicciones. «En estos momentos tenemos más de 350 personas en los centros, para chequear los síntomas, los hábitos de prevención y las normas comunitarias que fuimos poniendo en nuestros hábitos comunitarios para cuidarnos», explicó el padre Tano, en referencia a los Hogares de Cristo abiertos en su parroquia, en sintonía con los centros para recuperación de adictos instituidos en las villas porteñas cuando el cardenal Jorge Bergoglio era arzobispo de Buenos Aires.

Ante la epidemia del coronavirus, el padre Pepe Di Paola cerró el primer piso de su parroquia, en la Villa La Cárcova, y lo habilitó para los adultos mayores, una población en riesgo. «Pusimos 14 camas e invitamos a los abuelos de la villa para que puedan pasar su cuarentena ahí, aislados», confió el sacerdote.

También alquiló una casa para alojar a personas de la calle. Serán atendidos por un voluntario de la parroquia. «Tratamos de reducir las posibilidades de contagio y los daños en casi todas las villas, con distintos dispositivos que se nos van ocurriendo», explicó el padre Pepe.

«Hay que tener lugares de aislamiento cercanos. Hay abuelos y familias a los que se les dificulta hacer la cuarentena en su casa», explicó el padre Toto de Vedia, quien busca aprovechar los espacios de su parroquia para los más necesitados.

A la acción de los curas villeros se suma la actividad de Cáritas, que en todo el país mantiene la ayuda social y alimentaria, buscando nuevos modos para adaptarse a las exigencias de esta nueva realidad.

Los curas habían advertido la semana pasada sobre las dificultades reales para cumplir en sus barrios las medidas de prevención, tanto para enfrentar el coronavirus como el dengue. «Son de imposible o muy difícil cumplimiento en barrios donde existe un fuerte déficit de agua potable y donde muchas personas viven en los pasillos, sin acceso a condiciones elementales», graficaron.

Una realidad en la que lavarse las manos con agua y jabón varias veces, usar alcohol en gel, limpiar las superficies de contacto y aislarse 14 días es una quimera.

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