«El Foyel es como un Triángulo de las Bermudas»

12 febrero, 2020

El camino de Tacuifi es, según la Corte Suprema, un camino de servidumbre público de acceso al Lago Escondido. Es fundamental para acceder a un espejo de agua que, como todos los que se encuentran en nuestro territorio, deben ser también públicos.

Por Cecilia Lewandowski

Junto a un numeroso grupo de organizaciones sociales y sindicales, encabezadas por Julio Urien, presidente de FIPCA (Fundación interactiva para promover la cultura del agua); el Padre Paco Olveira del Grupo de Curas de Opción por los Pobres; Sergio Maldonado, hermano de Santiago; Daniel «El Tano» Catalano, Secretario General de ATE Capital y Magui Gagey, Consejera Provincial del Partido Justicialista; nos dispusimos a realizar la 5ta Marcha a Lago Escondido el pasado sábado 8 de febrero. Más de 300 personas concentramos a las 8 de la mañana en la entrada del camino de Tacuifi, sobre la Ruta 40 en el Paraje El Foyel, a 80km de Bariloche, para llegar hasta el lago.

El camino de Tacuifi es, según la Corte Suprema, un camino de servidumbre público de acceso al Lago Escondido. Es fundamental para acceder a un espejo de agua que, como todos los que se encuentran en nuestro territorio, deben ser también públicos.

Sin embargo, este Lago en zona de frontera ha sido privatizado a partir de la compra fraudulenta de las tierras que lo rodean, por parte del multimillonario británico (y estadounidense) Joe Lewis.

Cuando quisimos iniciar la marcha, nos encontramos con un pequeño grupo de supuestos vecinos y propietarios, que ponían la cara y el cuerpo por Lewis en nombre de su derecho a la propiedad privada. Derecho a la propiedad que se arrogan sobre un camino público y tierras que no les pertenecen, pero que defendieron con una violencia inimaginada a partir de la promesa que la gobernadora les había hecho en un cordial encuentro, asado de por medio, de que se les otorgaría los títulos de propiedad. Imaginamos entonces que así tendrían garantizada su libertad de venderle las tierras a Lewis, en una maniobra que no tiene nada de novedosa pero que sigue siendo efectiva: luego Lewis compra los terrenos por chauchas y palitos y desarrolla un gran emprendimiento inmobiliario en la zona. Ya tiene campo de golf, hipódromo, seguridad privada y aeropuerto. Ahí la Soberanía te la debo…

Así que si el patrón manda que aquí no entre nadie, ellos nos hicieron saber que estaban para servirle. Habían cerrado con tranquera, cadena, candado y alambre de púa el acceso. Y con la Policía de Río Negro, que formaba un cordón adicional para asegurar que se nos impediría el ingreso. Decimos adicional, porque ellos ya estaban bastante convencidos de que no nos iban a dejar pasar. Con mucha convicción nos pegaron piñas y palazos, nos lanzaron cascotazos, nos tiraron los caballos encima y nos pegaron fustazos. Hasta tenían un camión cisterna y nos tiraron agua a manguerazos. Todo a la vista de la Policía de Río Negro, el comisario, el fiscal y una caterva de funcionarios que asistían impávidos al inusitado espectáculo.

Parece que el Foyel es como un Triángulo de las Bermudas, donde no funcionan las comunicaciones y menos el Estado de Derecho. Todo lo controla Lewis, hasta la energía eléctrica, ya que es accionista de empresas energéticas (de las que se enriquecieron con los tarifazos). Ni la Gendarmería, una fuerza de seguridad nacional, pudo entrar… Parece que los guardianes de Lewis les dijeron que se vayan… Y se fueron nomás…

Por suerte el grupo de más de 60 compañeros que fueron por el camino del Cajón del Azul llegaron al Lago Escondido, lo navegaron con kayak y hasta plantaron bandera en la isla que bautizaron, «de los Patriotas». Eso sí, tardaron tres días porque es una camino de montaña, por tramos intransitable, por el que los siguieron, los amedrentaron y los quisieron echar en todo momento… No estaríamos coincidiendo con Lewis ni con la Provincia de Río Negro la definición de «acceso público».

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