La importancia del abrazo

13 diciembre, 2019

El presidente apela al fin de la grieta. Pero cualquier gesto de Cristina es mal recibido por los sectores medios, incluso entre sus votantes de octubre. ¿Hubo una transmisión simbólica del Poder en Plaza de Mayo? ¿Ella le habla a los propios y Alberto al conjunto? En Cambiemos también hay disputas entre duros y blandos. El futuro sólo parece viable con la «fuerza del abrazo».

Por César Morielli

Alberto Fernández asumió como presidente hace pocas horas. Su figura ganó la compulsa popular en las urnas con un discurso crítico al ajuste y la crisis del gobierno de Macri. Juntó votos de las diversas líneas del peronismo que lograron unirse recién cuando Cristina Fernández anunció que se correría de la escena central para ser candidata a vice. La maniobra convenció a algunos indecisos y los votos fueron suficientes.

En el discurso de campaña del Frente de Todos hubo un poco de kirchnerismo, con fuertes reclamos al modelo neoliberal, el FMI y la Economía. Pero también hubo albertismo, con reminiscencias a lo mejor del nestorismo, convocatoria amplia, y llamados a terminar la grieta. El discurso parece mantenerse en las primeras horas de gobierno.

Parece haber una postura mayoritaria en la sociedad, aún entre quienes no lo votaron, para desearle buenos augurios a Alberto Fernández. La crisis no se aguanta más, el bolsillo raquítico de una sociedad que ya no puede soportar ajustes, y el agotamiento de tener que enfrentarse en duras discusiones con amigos y conocidos parecen haber allanado para el nuevo presidente un escenario social fértil para lanzar un discurso conciliador para todos. ¿O son apenas esos primeros 6 meses o 100 días de pasiva expectativa que tiene todo nuevo gobierno?

Saliendo de quienes votaron al Frente Todos, los cuestionamientos que recoge Alberto son pocos o débiles o simplemente enlaces al kirchnerismo duro. El presidente fue explícitamente crítico con el gobierno de Macri, pero siempre apeló a la necesidad de terminar con la grieta. El propio nombre del frente hace alusión a los destinatarios que busca el nuevo gobierno. “Volvemos para ser mejores”, se lanzó en la campaña.

 

Lo cierto es que la imagen de Cristina en un sector muy amplio de la sociedad ya casi no resiste a una segunda oportunidad. Haga lo que haga, diga lo que diga. En el paso de mando en el Congreso su gesto antipático para recibir el saludo de un Macri dócil y vencido fue muy mal visto por los sectores medios. Lo que demostró que la estrategia de darle un rol secundario durante la campaña fue acertada.

En contrapartida Alberto Fernández demostró que la batalla terminó el día de las urnas. Compartió una misa en Luján con Mauricio Macri, donde se dieron el “saludo de la paz”. Y también le dedicó un afectuoso abrazo en la cesión de atributos del Parlamento.

Incluso con una mirada crítica de los procesos judiciales, avisando que no busca que las irregularidades procesales sobrecaigan en la fauna Cambiemista, o planteando firmemente el derecho a replicar los análisis periodísticos que no coinciden con su cosmovisión, pero sin alentar los agravios a comunicadores críticos; Alberto busca mostrarse firme, claro, pero pacificador. El estilo parece ser el acertado. No sólo Cristina podría quedar en la orilla opuesta. Los tiempos antigrieta que propone el albertismo también desnudarán las malas intenciones de opositores y medios que quieran proponer seguir con una sociedad fragmentada.

La fuerza del abrazo de Alberto fue tan contundente que en sus primeros días de gestión el dólar blue bajó más de un peso en su valor. Incluso luego de que el ministro Martín Guzmán avise que no se iba a levantar el cepo, pero que tampoco se iban a imprimir billetes nuevos. Habrá un retoque fiscal para los que más puedan aportar y un desvió de los recursos para combatir el hambre y la necesidad urgente en los sectores más desprotegidos. Los primeros gestos del FMI parecen mostrar una postura mucho más moderada a la que había hace algunos meses. También hay que esperar las reacciones al anuncio de decretar la doble indemnizacion para despidos durante 6 meses. Así y todo, el mercado se mostró amigable. ¿Será por mucho tiempo? Los empresarios más potentes ya lanzaron líneas de respaldo. Ellos también parecen querer correrse de la grieta. Al menos la gran mayoría. Lo urgente convoca a todos.

Pero en los sectores medios y blandos, aquellos que han cambiado su voto de Cristina 2011, a Macri 2015 y luego a Alberto 2019, reaccionaron enseguida ante la expresidente. Incluso malinterpretaron un gesto en el Parlamento. Donde la vicepresidente electa pedía un abanico muchos creyeron ver una agresión a Macri.

Allí puede haber una luz de alarma para el nuevo gobierno. Ese sector siempre estará enfrentado a la expresidente. Ni siquiera se puede advertir que ese rechazo sea al kirchnerismo en su conjunto. Hoy figuras como Máximo Kirchner o Wado De Pedro son valoradas en el nuevo proceso. Tampoco hay ánimos de querer escuchar archivos de otras épocas de los nuevos funcionarios con pasado K. Pero con Cristina es otra cosa.

“La postura de decirle chau a la grieta fue de lo más interesante en el discurso de Alberto. La vicepresidente tiene su núcleo duro de votantes, que la aman y van con ella a cualquier lado Es algo que trasciende la política. Pero también hay sectores medios que no quieren a Cristina pero están con expectativas con el presidente. Incluso lo creen algunos de Cambiemos. Los matices podrán demostrar si ponemos el país en marcha o no”, reflexionó Eduardo Román en LaNoticiaWeb TV.

¿O es una estrategia del nuevo gobierno? Que Cristina le hable a los duros y que Alberto les hable a todos.

“La grieta es adentro”, dijo un dirigente peronista de San Martín a LaNoticiaWeb en una charla informal. Va más allá de las diferencias que puedan existir cuando se convive en el mismo espacio. Hoy la diferencia en ese peronismo está en quienes querrán ahondar el discurso grietista y quienes apuesten a la fuerza del abrazo. En la buena salud del nuevo gobierno con la sociedad está la clave del éxito para los próximos años. Hoy, esa relación solo es viable apartando las agresiones.

Quedará en cada ciudadano el análisis de lo cotidiano. “Cristina ya le marcó la cancha a Alberto cuando le dijo que no se fije en la tapa de los diarios”. ¿Fue eso? ¿O sin bajar la guardia, fiel a su estilo, la expresidente hizo un paso de mando del poder popular? Los gestos en Plaza de Mayo también pueden interpretarse de otra forma. La vicepresidente le entregó a Alberto a sus seguidores, como una especie de regalo de graduación. Sin soltar del todo, subieron a Axel Kicillof al escenario, quizás para mostrar cuál es la apuesta a futuro del kirchnerismo duro.

En Cambiemos también existe esa grieta. Patricia Bullrich se quedó con la conducción del PRO y Macri avisó que no será candidato pero que encabezará la oposición para defender “los valores del cambio”. Pocos se subieron a ese vagón. Rodríguez Larreta se sacó una foto muy rápido con Alberto y cedió a su deseo de quitar las rejas de la plaza. Emilio Monzó se corrió y brindó entrevistas con una mirada crítica al gobierno saliente. Apostó a reunirse con radicales como Posse para replantear la toma de decisiones. E incluso María Eugenia Vidal se mostró más amable en el paso de mando con Kicillof y recibió aplausos de legisladores del Frente Todos.

El futuro parece definirse allí. No todo es la grieta. La sociedad deberá saber cómo darle lugar a algunos mensajes y dejar a otros a un costado. ¿Podrá Alberto representar la nueva época? En su discurso abrió y cerró con alusiones a Raúl Alfonsín, mencionó la necesidad de aprender a escucharnos aún sin estar de acuerdo, mostró mucho del nestorismo y casi nada dijo del cristinismo post 2007.

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