«Bolsa de gatos…»

6 noviembre, 2019

El panorama que dejó la elección de octubre cambió el horizonte político deslizado las PASO. En agosto, Macri era un «muerto político». Sin embargo, el 40% de Juntos por el Cambio del 27 de octubre volvió a instalarlo en la escena. Ya no como presidente, sí como líder de la oposición: “Hay gato para rato”…, dijo esta semana

Por Alan Ojeda

El panorama que dejó la elección de octubre cambió el horizonte político que habían deslizado las PASO. En agosto, Macri era un muerto político. Los resultados a nivel nacional y en la Provincia de Buenos Aires había hecho volar por los aires un proyecto político que había atravesado 2015 y 2017 de forma victoriosa, y que parecía lejos de concluir. Sin embargo, el 40% de Juntos por el Cambio del 27 de octubre volvió a instalar a Macri en la escena, si bien ya no como presidente, sí como líder de la oposición: “Hay gato para rato”. La mejor pregunta que podemos hacernos ahora es de qué está compuesto este 40% del electorado, y cuál es el legado que Cambiemos debe mantener para poder sostener su proyecto como oposición y volver a instalar una figura presidenciable.

Si somos estrictos, el núcleo duro del 40% de votantes de la fórmula Juntos por el Cambio es un 30% de anti-peronismo histórico y un 10% de votantes que cayeron en la grieta de corrupción (kirchnerismo) Vs transparencia (Cambiemos). En el primer 30% está compuesto, a su vez, por gente de la UCR que brindó territorialidad y bases nacionales para el establecimiento de la fórmula de Cambiemos desde antes de la última elección. Actualmente, esa alianza ha producido efectos nocivos dentro del partido y no serán gratuitos. La UCR ha perdido representatividad y, a lo largos de estos casi 4 años, no ha obtenido cargos de gran importancia en la toma de decisión.

Los golpes de la crisis movilizaron las internas. El mismo Ricardo Alfonsín declaró que los peronistas son “primos hermanos” del radicalismo, se mostró abierto a dialogar con el albertismo y colaborar con el proyecto. Si observamos con distancia y serenidad, lejos de toda adrenalina electoral ¿Qué tan estable es ese electorado del 40%? ¿Podrá mantenerlo? Pensemos paso a paso los cambios discursivos que le permitieron a Macri a llegar esa cifra para ver cuán sólido es ese número. Si dicen que el peronismo es “una bolsa de gatos”, ¿Juntos por el Cambio qué es? El giro moral Pichetto declaró que con unas semanas más, hubieran llegado al ballotage.

La gira por las 30 ciudades tuvo su efecto, pero los resultados no son consecuencia de la gira sino del giro discursivo que debió realizar Macri para polarizar aún más las elecciones. No hacía falta ser científico para saber que, si Del Caño y Lavagna canalizaban votos que podían derivarse hacia el sector de Alberto Fernández (centro izquierda, izquierda liberal, progresismo, peronismo no-kirchnerista), Espert y Centurión (liberales, liberales conservadores, derecha) cumplían el mismo rol para la fórmula Macri-Pichetto. La estrategia fue radicalizar el discurso. Un claro ejemplo es el cambio de Vidal en relación al aborto. Hace un año afirmaba sentirse interpelada por el debate sobre la Ley de Interrupción Voluntarios del Embarazo gracias a sus hijas, en el periodo entre las PASO y las elecciones definitivas, declaró que sus hijas compartían su opinión en contra el aborto.

También salió a escena con el pañuelo celeste durante los actos partidarios de la gira. Macri hizo lo suyo declarando repetidas veces, a viva voz, desde el escenario, que estaba a favor de la vida.

De esta forma, Junto por el Cambio interpeló directamente al electorado de Gómez Centurión, que había decidido no votar a Macri por haber permitido el debate sobre el aborto. En este sentido, el votante de la lista NOS es mucho más dogmático que el resto de los votantes, incluso más que los que representaba el núcleo duro liberal de manos de Espert, pero se vio obligado a migrar sus votos hacia la propuesta menos progresista con chances de ganar. Lo mismo sucedió con la discusión en torno a la legalización de la marihuana y el narcotráfico. “Patricia si, falopa no”, gritaban en la autoproclamada “Marcha del millón”. Patricia Bullrich es, tal vez, el personaje del gobierno más capaz de convencer el sector del electorado más conservador. Su discurso sobre la seguridad y el narcotráfico está emparentado de principio a fin con el de Gómez Centurión.

El giro económico

Los votos de Espert también migraron, quizá como resultado de una reflexión sobre la presente crisis: dadas las circunstancias, Macri no iba a poder tomar más medidas populistas ni seguir agrandando el Estado. La salida liberal ortodoxa se presentaba como un imperativo del que Macri no iba a poder escapar. Eso, sumado al apoyo de la fórmula Espert-Rosales a la reelección de Larreta para la Ciudad de Buenos Aires, terminó por consumar la alianza.

El problema de Macri fue tener que sostener su discurso en dos niveles muy distintos: llevar un mensaje de alivio a la clase media (¿discurso populista?) y sostener la perspectiva liberal, de economía abierta, competitividad y meritocracia. La primera línea discursiva fue el objeto de las críticas de Espert, que criticaba a Macri por haber tomado medidas “kirchneristas”. Si algo había calado hondo en parte del electorado había sido el discurso meritócrata, a tal punto que, a poco de la victoria de Macri en 2015, Chevrolet lazó una publicidad llamada “Vivir en una meritocracia”.

Sin embargo, esa contradicción parecía no funcionar como tal dentro del sector al que iba dirigido el discurso: la clase media. Si se observan los discursos de la gira de Macri, ninguno hace especial énfasis en la clase baja o los sectores más desprotegidos. Se enfocó, especialmente, en repetir una y otra vez el mismo discurso: alivio, más trabajo, llegar a fin de mes. Si bien la clase media fue una de las grandes perjudicadas en estos últimos años, era necesario salvar las distancias: clase media y pobre no son lo mismo, aunque el escalón entre uno sea tan pequeño como para que, en el último año, el país tuviera 10 mil nuevos pobres y 2.830 indigentes por día.

Aislar a la clase media, distinguirla de la clase baja, y proponerla como el sector que se beneficiará de forma privilegiada con las profundas reformas de estado que harían en caso de ganar. ¿Cómo se define la clase media dentro del discurso de Cambiemos? La que no recibe planes, la que no va a las marchas en micro, la que no va por el pancho y la coca. “Blanca y pura”, diría Pamela David. La clase media del “Si se puede” parece representar, principalmente, a la población urbana de los barrios no- periféricos. Un claro ejemplo es la Ciudad de Buenos Aires, donde Juntos por el Cambio logró grandes triunfos en la zona centro y norte.

Profundizar la grieta, no salir de ella, fue la estrategia principal. Los pobres, los sectores populares, son aquellos que figuran en el discurso peronista/kirchnerista. Hacerse cargo de eso significaría una traición para el votante promedio de la fórmula de Juntos por el Cambio.

Si Alberto logra minimizar los efectos de la grieta y neutralizar el discurso polarizador del macrismo, ese 40% que consiguió Juntos por el Cambio se descompondrá rápidamente. Sectores del radicalismo migrarán al albertismo como ya sucedió con los radicales kirchneristas en su momento. Pensemos también en el efecto que produjo el movimiento estratégico de Cristina en términos electorales: correrse del centro fue correrse de la polémica. El presidente electo no tiene ni una causa judicial esperándolo, es respetado por varios sectores de la oposición, es conocido por ser un hombre de estado y su presencia fue suficiente para unificar a gran parte del peronismo en un único proyecto. Un “expulsados” de Cambiemos, como Lipovetsky, ya ha hecho su primer acercamiento al gobierno entrante. Leandro Santoro, de Los Irrompibles, tiene mucho potencial para traccionar internamente y producir una nueva renovación no-camporista dentro del peronismo.

Esa reestructuración implicaría para Juntos por el Cambio que, en el peor de los escenarios posible, que el 10% resultado de la grieta, pero no fiel al anti-peronismo, migre al albertismo. En este escenario, con un buen manejo de la presencia pública, el albertismo tiene una gran posibilidad de crecer, mientras Cambiemos deberá luchar por sostener la grieta con una Cristina Kirchner ocupando un cargo lateral, que logró moderar su presencia para permitir el crecimiento de la figura de Alberto.

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