El gobierno: trompeado y en la lona

13 agosto, 2019

La analogía pugilista responde a la reacción oficial que hubo en redes sociales, recordando la histórica pelea entre Alí y Frazier. Instan a sus simpatizantes a pelear hasta el final, pensando en una épica del 27 de octubre. Además, en twitter alentaron el hashtag #FraudeK. Como un animal rabioso y herido, Macri y Marcos Peña, elijen desde el domingo un contraataque violento.

Por César Morielli

“El 27 de octubre peleamos el último round”, remata un video viralizado por la militancia de Cambiemos, que apeló a los históricos combates que mantuvieron Muhammad Alí y Joe Frazier en la década del 70. La arenga es simple: pelear hasta el final, como sea, para conseguir una victoria épica. Poco importa las imperfecciones en los datos históricos que narran las imágenes. Una marca distintiva del macrismo.

Al igual que cualquier púgil que recibe una inesperada paliza en el cuadrilátero, el gobierno fue golpeado, besó la lona y le contaron hasta 10. Pero en la conferencia de prensa el presidente Mauricio Macri debió ser auxiliado por su candidato a vice Miguel Ángel Pichetto.  El oficialismo decidió levantarse en el último segundo y buscar bocanadas de aire como un pez recién salido del agua, implorando a cada instante y salir del estado grogui en que se encuentra.

En el mundo deportivo estas imágenes pueden ser heroicas, pero al mando del Estado las decisiones del gobierno rozan lo criminal. Lejos de interpretar el mensaje de las urnas, que son cada vez más pragmáticos, en Cambiemos contraatacan agrediendo a los ciudadanos y sus adversarios políticos. Sin intenciones de repasar cada palabra de la presentación del lunes, no se puede continuar sin repudiar enérgicamente las expresiones de Macri, que prácticamente le dijo a los argentinos que son los culpables de la situación económica por haber votado a Alberto Fernández el día domingo. Ni un gesto de autocrítica o mesura por la tragedia en la que se transformó su modelo económico, que empobreció ciudadanos y cerró fábricas sin parar desde diciembre de 2015.

Pero además, en una actitud que coquetea con alguna enfermedad psiquiátrica, el presidente expresó con vehemencia que el kirchnerismo debe hacer una autocrítica por generar malas expectativas en los mercados. Es decir, el derrotado, por goleada, dice que el vencedor debe replantearse su rol político. Su razonamiento, sin embargo, va en línea con su gestión durante casi cuatro años y explicó que los mercados ya eligieron y prefieren que continúe la gestión actual. Siempre lejos de la gente y las necesidades de los argentinos. Antes la culpa la tenía la herencia de la gestión pasada, y ahora la culpa la tiene la gestión que vendrá.

Tan alevoso fue el desborde psicológico del gobierno, y su intento de trasladar locura a la ciudadanía, que todos los periodistas afines no tuvieron más remedio que hacer un ruidoso llamado de atención a la actitud del presidente Macri. Sus caprichos nuevamente generaron más pobreza. Las acciones de este lunes no responden a una coyuntura macroeconómica, sino a una decisión de Estado de no interferir a tiempo para frenar el precio del dólar dentro de la banda de volatilidad que tiene acordada con el FMI. Es decir, ni siquiera cumplieron su propio acuerdo con Lagarde.

Este último dato marca el cinismo del ala dura de la Casa Rosada, e incluso podría generar problemas judiciales en el futuro si alguien decide denunciar alguna acción con alevosía para perjudicar las cuentas públicas. Dejaron correr el dólar y debilitaron la economía para construir un escenario de caos.

Los que analizan el mundo bursátil ya dijeron que la subida de más de 10 pesos de la moneda extranjera hubiera sido muy fácil de frenar, con pocos fondos del Banco Central. Como el viernes pre electoral, el oficialismo “jugó” con los mercados para transmitir un mensaje. Aún no quieren comprender que todo el programa económico generó 4 millones de pobres nuevos, y que el voto “heladera vacía” es más contundente que cualquier promesa.

En Cambiemos, algunos no están de acuerdo. La gobernadora María Eugenia Vidal y todo su gabinete, o el ministro Rogelio Frigerio, ya hicieron saber su descontento. Larreta se mantiene en silencio y reza para que los manotazos del gobierno no esmerilen su reelección en la Ciudad.

Con nervios, en estas horas se recordó un video de campaña que parece ser un presagio de lo que venía, donde Macri admitió ante una vecina que «si se vuelve loco nos puede hacer mucho daño».

Expertos (o al menos eso se creía) en generar burbujas y climas inexistentes, este lunes y martes se apeló nuevamente a las redes sociales y se hizo trending topic el #FraudeK. Luego del papelón del pasado jueves, donde la maquinaria de bots mostró inconvenientes para hacer creíble el #YoVotoMM, el marcospeñismo dio muestras de mantenerse firme en la estructura de gobierno y salió a la cancha queriendo instalar la idea de que el resultado del domingo es ilegítimo. Es un bumerang: ¿Cómo podría cometerse un fraude electoral si todo el poder del Estado lo maneja el gobierno y Cambiemos? ¿Hay fraude con una cuestionada empresa que se adjudicó el escrutinio de los votos unos meses antes y que toda la oposición denunció por sus irregularidades e impericias demostradas en otras partes del mundo?

En definitiva, denunciar un fraude electoral siendo oficialismo es una admisión de debilidad sin precedentes, y además es delirante pensando en la diferencia de 15 puntos que existió.

Toda la pantomima es resultado de una situación muy sencilla: el gobierno se niega a interpretar correctamente el mensaje de los votos. Macri lo explicó concretamente al decir que los mercados prefieren a Cambiemos, pero evitó decir que los argentinos son los que votan y que no lo quieren a él.

El periodista Carlos Pagni, lejos de cualquier cosmovisión progresista o populista, lo explicó claramente en su programa de televisión: “Estas ideas por las cuales habría que esperar que la gente vote satisfaciendo al mercado son, por lo menos, pre democráticas. Y que en otras épocas justificaban la idea del fraude. El fraude servía para corregir los errores de la gente en la comprensión de lo que le convenía al país”.

Todo este berretín que encabeza el gobierno obligó a muchos a repensar la autoinfingida característica de respeto a la institucionalidad y al Estado. Hoy, las actitudes del gobierno en la transición tienen repercusiones concretas en el bienestar social. El lunes, con la nueva corrida, los precios se dispararan, de mínima, un 20% y 500.000 de nuevos ciudadanos caerán en la pobreza. Como postre, se autorizó un nuevo préstamo de 20 mil millones de dólares con el Fondo Monetario. Muchas de esas divisas se sumarán a las más de 60 mil millones que se fugaron estos meses y que forman parte de la ganancia de especuladores que pagaremos todos los argentinos.

El oficialismo apostó al miedo como única estrategia porque no tiene ningún logro para mostrar. Cuando no alcanzan las burbujas hay que transformar el miedo en realidad. Es el peor gobierno democrático de la historia. Y corren un gran riesgo, hoy el monstruo más temido es el propio presidente Macri, y el discurso irracional los llevó a la derrota más contundente que sufrió nunca un oficialismo.

LA IMPROBABLE MATEMÁTICA DEL OFICIALISMO

¿Pero por qué en el oficialismo insisten con las agresiones? El negocio de la grieta y la fragmentación social es el único posible en Cambiemos. Macri consiguió 32% de los votos, 4 puntos más que los conseguidos en las PASO del 2015, y apenas 2 menos que los alcanzados en las elecciones Generales.

Los números ponen a trabajar a las mentes más optimistas. Aunque la analogía poco sirve, porque esta vez Alberto Fernández tuvo 10 puntos más que Scioli en 2015. Con el diario del lunes, la estrategia de Cristina Fernández de correrse de la escena para poder sumar a Sergio Massa fue un acierto sin precedentes. El tigrense aportó todo lo que faltaba y la suma fue casi de 1+1=2, rompiendo toda regla de la estrategia política.

La fantasía del oficialismo es incrementar los votos válidos en octubre. La participación en las PASO fue del 75% y los cálculos permiten saber que ese número sube a 81 u 82% en las Generales. Sueñan que todos esos puntos vayan para Macri. Y además quieren que se reduzca el porcentaje de votos en blanco.

En el escenario más optimista e inverosímil, y el único posible para el oficialismo, creen que podrán arrepentir a muchos votos destinados a Alberto Fernández generando estos escenarios caóticos. La máxima es que el candidato de Todos no pueda llegar al 45% y que el oficialismo supere el 35% para forzar a un balotaje. Es cierto que la boleta del gobierno puede crecer algunos puntos, pero es muy difícil de creer que haya un decrecimiento en la alternativa opositora.

Incluso sucediendo algo así, queda la instancia del balotaje. La ciudadanía ya parece haber expresado su hartazgo con esta propuesta. Hay un segmento del 15 o 20% de la sociedad que decide de la manera más pragmática posible, que en 2011 votó a Cristina, en 2015 a Macri y ahora a Alberto. Esa franja ya parece haber decidido que no quieren más a este gobierno.

Pero como un nene caprichoso Macri eligió destrozar todo y seguir empeorando las cosas. Estos meses serán imposibles de mensurar si no aparece una postura más moderada y sensible entre los que susurran al oído y mueven los hilos en la Rosada. En la estrategia de la violencia, el dolor lo padecen los ciudadanos.

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