El valor de los simbolos

26 diciembre, 2018

En un mundo donde los poderosos, como medio para imponer la ley del más fuerte, pretenden que no existan los valores, otros pensamos que es importante darle valor a los símbolos. Una reflexión acerca de la Ordenanza Fiscal de San Martín.

Por Jorge Benedetti

Por supuesto que la bandera, el himno, nuestras tradiciones, etc., encabezan la lista, pero a veces los pequeños símbolos también deben ser rescatados.

Vivimos un tiempo – nacional y planetario – de desvalorización de la política, logrando así imponer la tecnocracia, como en muchos países europeos, a cómicos vulgares, como el Beppe Grillo en Italia, a empleados del sistema financiero, como por ejemplo en Francia (y en muchos otros lugares), a empresarios “exitosos”, como en EE.UU. o a los “CEOS” (ejecutivos en Jefe), por ejemplo en nuestro país.

Sin duda, mirando los resultados, la opción no ha sido óptima, ni mucho menos. Se podrá decir que en algunos casos (o muchos) el descrédito es por “merito” de múltiples actores políticos, lo cual es cierto, pero no podemos dejar de acordarnos de aquello que enseña cómo se puede acceder al poder: a) por la fuerza (como en los regímenes totalitarios), lo que no es un recurso de los pueblos; b) por el dinero, pero los pueblos cada vez disponen de menos participación en las riquezas como para que les quede un excedente monetario, o c) por la organización popular y esto es la política.

La cuestión es que la política puede ser “oligárquica”, donde el acceso es para algunos pocos, o “popular”, donde los pueblos pueden llegar a participar e influir en las decisiones.

El tema es que “el pueblo” no es una suma de individuos, sino – por el contrario – es la reunión de sistemas orgánicos, los que cuentan con una doctrina, un conjunto de anhelos o esperanzas y – lógicamente – un sistema de inclusión, es decir estar organizados.

Un medio de organización popular son los sindicatos, otros las cámaras empresarias Pymes, los clubes, las organizaciones profesionales, los núcleos femeninos socialmente organizados, las asociaciones sociales de desocupados, las organizaciones barriales, las instituciones de la cultura, etc., etc.

De afianzarse esta organización social comunitaria será posible que los pueblos participen fehacientemente en las decisiones. Para ello hace falta que el poder político no se resista en devolver al pueblo una parte de su capacidad de decidir y que las instituciones sean cuerpos sólidos y no cáscaras vacías en manos de alguien que decide como si la institución fuera una propiedad privada.

Es decir, hay que dar cuerpo a la política partidaria, donde las autoridades sean el resultado de equipos y estén dispuestas a hacer parte de un co-gobierno a las instituciones de la comunidad y que éstas sean auténticamente representativas y participativas.

Todo esto no es fácil, pero tampoco imposible y los argentinos lo hemos logrado en otros momentos de nuestra historia y puede ser la mejor salida para la crisis de representatividad y confiabilidad como la que vivimos (el “puede” es una concesión del lenguaje, en mi opinión es la única forma posible).

Hubo partidos políticos que no fueron (ni son) cuerpo orgánicos (La UCRI desapareció con la muerte su fundador, el Dr. Oscar Alende, y el Ari o Coalición Cívica, también desaparecerá con la muerte de su fundadora o antes, pues depende de cómo el sistema periodístico la ubique en los medios en cada momento, por eso puede alcanzar en la Ciudad de Bs. As, un 2% en una elección y un 50% en la siguiente.

Pero lo mismo pasa con otras instituciones, desde un club (recordemos al Deportivo Español), un sindicato o una cámara empresaria. Si quieren perdurar y ser verdaderos actores sociales, deben construir equipos y ganar en representatividad, en caso contrario serán, tanto los partidos, como las instituciones, un medio de obtener falsos prestigios o recursos ciertamente ilícitos.

Toda esta introducción de carácter “doctrinario” viene para destacar que la nueva Ordenanza Fiscal Impositiva, que regirá en el partido de Gral. San Martín durante el año 2019, en lo que hace a las tasas para las Pymes, ha sido consensuada entre el gobierno municipal y una representación de las once Cámaras empresarias del distrito, reunidas en una Cámara madre, que desarrolla una tarea preeminente frente a éstas (si bien nació luego de las cámaras que le dieron origen).

Es decir, el empresariado de San Martín ha logrado una rebaja sustancial en los montos a abonar por las empresas Pymes más chicas y una parte de las medianas y el no aumento de las alícuotas en el resto de las medianas.

Es cierto que los problemas de las Pymes en la actual situación económica son de una importante gravedad y que esta medida no solucionará su situación, dado que muchas desaparecieron y otras están en camino de hacerlo, a consecuencia de la apertura indiscriminada de las importaciones, la desaparición del crédito y la brutal baja del consumo, pero, como afirmaba al principio, se trata de un hecho simbólico, que demuestra que las autoridades pueden cogobernar y acordar con las instituciones libres de la comunidad.

Lo cierto es que sería bueno que este pequeño ejemplo sea imitado en otros ámbitos e incluya muchos aspectos de los gobiernos a todo nivel. Qué importante sería – por ejemplo – que las instituciones de la provincia pudieran acordar, no sólo la carga impositiva para las Pymes o para los pequeños emprendimientos rurales, sino también un tema ya dramático, como es la situación de los docentes o – por agregar un par de ejemplos más – para la subsistencia de los clubes barriales y para otorgar pequeñas obras públicas para las cooperativas de desocupados. (Estos actos mejorarían la situación de la inseguridad y el narcotráfico mucho más que las medidas represivas, los protocolos de seguridad u otros artilugios de los que abundan como propuestas en los medios).

Al tiempo que me congratulo de haber participado de este acuerdo, felicito a todas las Cámaras empresarias que han colaborado en el mismo (la totalidad de las existentes en el distrito) y a las autoridades municipales por la parte de su decisión que le han devuelto a la comunidad.

También es cierto una vez más que las Cámaras empresarias, como las otras instituciones del distrito, deben mejorar su situación orgánica y ser capaces de constituir equipos como mejor expresión de una voluntad colectiva y que las organizaciones del trabajo y de desocupados deben expresar los anhelos de las mujeres y hombres que las componen y avanzar reclamando la participación sobre las decisiones que les atañen.

Entramos en un año electoral, éste – a la luz de las últimas experiencias – estará basado en promesas que no se cumplen, en slogans vacíos o en consignas descomprometidas, como de quien vende el detergente que mejor blanquea.

Sería bueno que desde las instituciones de la comunidad, que son libres por no depender de la voluntad del Estado, sino de sus propios integrantes, interrogáramos seria y públicamente a nuestros candidatos locales, provinciales e inclusive nacionales, acerca del compromiso de gobernar no genéricamente “para el pueblo” sino efectivamente “con el pueblo”.

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