Economía 2019: números rojos para un año electoral

26 diciembre, 2018

La macro podrá mostrar signos de reactivación, pero costará que se palpe en la calle. Deuda, ajuste fiscal, FMI y polarización extrema.

Los primeros tres años de Cambiemos estarán marcados por el estrepitoso fracaso del programa económico. Sin lluvia de inversiones, ni segundo semestre y, además, sin que lo peor haya pasado, los desafíos que enfrentará la economía en 2019 serán mayúsculos. Tiene razón el Presidente de la Nación cuando argumenta que Argentina está atravesando una tormenta, pero el problema es que el equipo económico se dedicó a bailar la danza de la lluvia durante 2 años. La devaluación se trasladó a precios. El enorme endeudamiento externo no fue una señal de confianza por parte del mundo, sino más bien uno de los ciclos de ingresos de capitales golondrinas más grande y más corto de nuestra historia. El ajuste no fue el sacrificio necesario para crecer durante los próximos 20 años, sino el golpe de gracia que le faltaba a la economía para atravesar su peor crisis desde 2001.

Luego de lo que pasará a la historia como la corrida cambiaria, el torniquete monetario aplicado por la nueva conducción del Banco Central resultó exitoso para estabilizar el dólar, al tiempo que permitió que la tasa fuera un fenómeno transitorio y no permanente. La tranquilidad cambiaria vino de la mano de una nueva y más inestable modalidad del “carry trade”. En la actualidad los fondos locales y externos se estacionan en los bancos y en los fondos de inversión en modalidades más sencillas, como las cuentas corrientes remuneradas o, directamente, los plazos fijos, para aprovechar la tasa de interés.

Polarización

En este escenario el gobierno nuevamente juega a lo que mejor sabe en materia política: la polarización. Sin embargo, esta es un arma de doble filo. En primer lugar, porque el fantasma de CFK es utilizado por el equipo económico para fundamentar la negativa del riesgo país a perforar los 800 puntos básicos. Resulta increíble que se atribuya la suba del riesgo país a una posible candidatura de CFK, antes que a una economía que sale de un aumento del dólar de casi el 100%; que enfrenta una recesión que durará por lo menos dos años; que tiene cerrado el acceso al financiamiento externo; y que cuenta con una autoridad monetaria absolutamente diezmada en su capacidad de intervención. Al preguntarnos por el riesgo país, podríamos parafrasear a Clinton: ¡Es el FMI, no CFK, estúpido! En segundo lugar, agitar el fantasma de un drástico cambio de rumbo económico en 2020 podría generar una movida anticipatoria por parte del mercado que complicara las chances electorales de Cambiemos, puesto que sería difícil atribuir una nueva corrida a lo que pase de 2020 en adelante, y no a lo acontecido entre 2016 y 2018.

¿Hay 2019? Si Cambiemos quiere maximizar sus chances electorales debe procurar que la reciente estabilidad financiera perdure durante todo 2019. La economía no se recuperará el año entrante, pero sería todo un logro conseguir que una nueva corrida no nos hundiera aún más. Para esto, el gobierno está muy cerca de conseguir los dólares necesarios para garantizar que todos los argentinos podamos practicar el deporte electoral predilecto: la compra de dólares. Pero, además de conseguir los dólares, el gobierno debe conseguir el permiso para usarlos. Paradójicamente, será el FMI el que deba enfrentarse a un dilema: de mantener su doctrina de no intervención, estará maximizando las chances electorales de la oposición; de lo contrario, deberá explicar a sus accionistas por qué permite que Argentina utilice el mayor stand-by en la historia del organismo para financiar la fuga de capitales que el propio FMI fomenta con su esquema de política económica.

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