Lavagna candidato, la ilusión de los empresarios que huyen de Macri, CFK y Bolsonaro

17 diciembre, 2018

Por Diego Genoud

Sin mirar a Patricia Bullrich, Horacio Rodríguez Larreta repite por estas horas que de Cambiemos no saldrá el «Bolsonaro argentino». El jefe de Gobierno porteño administra una realidad específica que contrasta con la de la provincia de Buenos Aires y el resto del país. Pudo verse en el último encuentro del PRO en Parque Norte, que tuvo a la ministra de la mano dura y el rencor como estrella principal. Bullrich no sólo se apropió del cierre y las ovaciones: también se destacó en el encuentro de mujeres macristas, donde el fervor de las provincias en la guerra contra los delincuentes la proyectó por encima de Carolina Stanley y Gabriela Michetti.

Con la economía como zona de pura amenaza y las denuncias de corrupción en las costas de la familia Macri, a la probeta de Jaime Durán Barba no le quedan demasiadas alternativas. Aunque no termine como candidata, Bullrich perfila como anabólico de una campaña oficialista que muestra poco como novedad.

Ante un riesgo país propio del peor populismo, datos de la recaudación en baja, inflación récord, pobreza en ascenso y un pregón creciente por no dejar atrasar otra vez el tipo de cambio, los mercados vuelven a mostrar los colmillos, sedientos de tomar ganancias antes de las presidenciales.

De ese tipo de escenarios habló, en los últimos días, Roberto Lavagna ante un grupo de dueños inquietos por el rumbo de la economía de Cambiemos. Entre bocaditos de salmón y gaseosas, a la hora del after office, el ex ministro de Economía de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner congregó en la zona norte de la Capital a una liga de hombres de negocios heterogénea, donde primaban los desilusionados con Mauricio Macri y se mezclaban las nuevas camadas de emprendedurismo con los históricos del establishment. Inversiones en el campo, la salud, la tecnología y la industria, frentes tormentosos en Comodoro Py; no faltaban nombres propios.

Los organizadores dicen haber quedado sorprendidos por el interés y la envergadura del auditorio, convocado con apenas una semana de anticipación. De ahí podría surgir, afirman, el apoyo financiero para cualquier proyecto de poder ambicioso. Fueron por lo menos dos encuentros, en los que Lavagna prefirió dejar de lado la distancia de un escenario para dar paso a una ronda, en la que pudieran fluir la palabra y los temores.

Sin haber conocido nunca la modestia y con un nombre asociado al éxito de la recuperación post 2001, el excandidato presidencial de 2007 se ve hoy con pergaminos suficientes para agarrar el timón de una economía ahogada en el ajuste, con la guillotina de la deuda por delante. A los 76 años, en un contexto distinto al de 2002, el creador de Ecolatina se imagina a sí mismo como un émulo de Ricardo Lagos de este lado de la cordillera, con una alternativa inclusiva y mercadointernista. Una segunda y última oportunidad, sin garantía de éxito.

Sus colaboradores más cercanos, entre los que se cuenta el ex embajador Rodolfo Gil, saben que la apuesta es de lo más empinada. En un clima cerrado de polarización, con un alter-peronismo con dificultades para carretear y un postulante que no entra por el carisma, perforar una grieta que se retroalimenta asoma como una tarea titánica. Sin embargo, el ex ministro -que llegó a comparar temprano al proyecto económico de Macri con el de la última dictadura- no ve las perspectivas de mejora que adivinan los soldados de Madame Lagarde, Nicolás Dujovne y Guido Sandleris. Al contrario, a Lavagna le preocupa que Argentina vaya de la mano del FMI al sendero de padecimiento, recesión prolongada y debacle del PBI que ya vivió Grecia, como un eco cansado y tercermundista de la crisis en pleno ajuste.

De saco y corbata, ante empresarios que aparecieron más informales, el ex ministro se puso el traje de candidato por un lapso de tres horas. Dijo que la salida parte de un cambio radical, que preserve el tipo de cambio alto y estable -a la manera de Japón y Corea del Sur-, para evitar el ajuste de cuentas del mercado que ya pasó por encima dos veces a Macri, con la corrida al dólar. En el incipiente lavagnismo, son mayoría los que advierten un escenario de nuevos sacudones, antes de ir a las urnas. Por eso hablan, en el lenguaje del peronismo, de “estar preparados por las dudas”.

El ex ministro planteó la necesidad de renegociar la deuda que incubó Cambiemos y, sobre todo, sostuvo que hace falta poner a la economía en movimiento, con un impulso a la tasa de actividad en el empleo, que hoy desciende -según sus números- al 42%, cuando en otros países de la región oscila entre el 50 y el 55%. Para el ex secretario de Industria de Alfonsín, la tarea del Estado es estimular a los que hoy no tienen predisposición para ingresar al mercado de trabajo, bajar las tasas de interés y ayudar al renacer del consumo. Después, asegura,vendrá el tiempo de la reforma laboral, el anhelo de todo empresario, hoy postergado por el derrumbe de las ventas.

Los animadores del economista, que precisa traducir su buena imagen en intención de voto, vieron por primera vez un cambio hacia 2019. Fue producto de la convocatoria de pesos pesados, la urgencia por salir del macrismo sin retornar al kirchnerismo y una frase de Lavagna, propia de su formación, que abrió la puerta a la ilusión: “Si aparece la demanda, la oferta va a estar disponible”. Sólo hace falta que ese grupo de magnates que escuchó al ex ministro sintonice con el tercio vacante de la población que hoy se diluye en la polarización. Justo lo que viene fallando desde que Lavagna abandonó la función pública, hace 12 años.

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