La defensa de la soberanía

22 noviembre, 2018

El 20 de noviembre, Día de la Soberanía Nacional, conmemoramos la gesta heroica de aquellos hombres y mujeres que, al mando del General Lucio N. Mansilla y bajo la conducción del Brigadier General Juan Manuel de Rosas, defendieron nuestra potestad sobre los ríos interiores frente a las flotas inglesas y francesas que pretendían usurpar nuestros derechos con el falaz argumento de la libre navegación.

Mujeres de la Red Peronista por la Justicia Social pintaron en el barrio Lanzone la Rayuela "Salí del infierno", contra la violencia de género

Por Cecilia Lewandowski, Red Peronista por la Justicia Social, Secretaria de Adoctrinamiento del Partido Justicialista de San Martín

Varias décadas más tarde, la Soberanía fue consagrada por Perón como una de las tres banderas del Movimiento Nacional, ya que expresa la capacidad de decisión de un Pueblo sobre su territorio, sus recursos naturales, su riqueza y sobre el destino de la Patria. Actualmente asistimos a la entrega, por parte del gobierno de Cambiemos, de porciones cada vez mayores de esa Soberanía en favor de la oligarquía, de las multinacionales y las transnacionales, las empresas energéticas, del FMI y de las llamadas potencias mundiales y sus ejércitos que en breve tendrán cita en nuestro país en la cumbre del G20.

¿Qué tienen en común todos ellos? Integran una minoría con un enorme poder. Hacia principios del 2018 se conoció que el 1% de la población mundial concentra el 82% de la riqueza y la tendencia es de acentuación de tan tremenda estadística. Son los dueños.

La dueñitud es justamente lo contrario de la soberanía. El concepto acuñado por la antropóloga Rita Segato hace referencia a ese estadío del capitalismo de alta concentración de la riqueza mundial en pocas personas, que las vuelve extremadamente poderosas. Son los dueños, los que deciden sobre las formas de vida y de muerte del resto del mundo y frente a los que los Estados se subordinan, ya que sus atribuciones para la regulación han sido declinadas o desconocidas y sus instituciones se revelan obsoletas frente a semejante poderío.

La dueñitud va de la mano del patriarcado como forma de subordinación y control de las mujeres y sus cuerpos, así como también a todas las disidencias sexuales y de todo movimiento que, aunque más no sea con su sola existencia, lo cuestione y lo confronte.

Curiosamente el Día de la Soberanía Nacional se conmemora en el mismo mes que el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia hacia las Mujeres, en homenaje a tres grandes militantes políticas de la República Dominicana, las hermanas Mirabal, que fueron salvajemente asesinadas por quien fuera el “dueño” en ese momento en ese país, el dictador Trujillo.

Las prácticas de la dueñitud y su violencia no se evidencian solo a escala mundial sino que trasuntan cada aspecto de nuestras sociedades, la vida cotidiana, el trabajo, las relaciones interpersonales, la función pública, la militancia… Las mujeres nos encontramos día a día defendiendo nuestra autonomía (y muchas veces nuestra vida) frente a los dueños de nuestros ingresos, de nuestro tiempo y de los lugares de decisión en cada ámbito de la sociedad.

En nuestro país, el ejemplo de la inmensa Evita nos guía en la deconstrucción de la dueñitud. Evita supo construir un liderazgo colectivo, involucrando a miles de mujeres en la lucha política a través de la creación del Partido Peronista Femenino y el despliegue territorial de más de 3000 Unidades Básicas Femeninas en las que las mujeres de todo el país se “empoderaron”, diríamos hoy. Esa enorme tarea tuvo por resultado, entre otras cosas, altísimos niveles de representación de las mujeres en las elecciones de 1951 y los años subsiguientes durante el gobierno peronista, niveles que sólo pudimos volver a alcanzar con la Ley de Cupos en los años 90. Evita pudo adueñarse de un lugar, de una lucha, pero en vez de eso lo hizo colectivo y abrió la puerta para que irrumpa una nueva sujeta política en la vida nacional, las mujeres, que aprendimos de la doctrina peronista que nadie se salva sola.

Las mujeres peronistas de hoy estamos recuperando ese aprendizaje. Nos juntamos en eventos multitudinarios o en reuniones de compañeras a pensar y trabajar sobre como enfrentamos a los dueños y como desarmamos nuestras propias prácticas impregnadas de dueñitud. No es fácil vencer la tentación de adueñarse de la palabra en cualquiera de sus formas (hasta en un grupo de whatsapp), de una idea, de un nombre, de la unidad, de una verdad para imponérsela a otrxs.

La tarea de la hora es construir en red, fortalecer los lazos sociales en el desafío de recuperar una práctica política democrática, participativa y persuasiva frente a toda imposición y todo intento de salvación individual. En definitiva, ejercer la Soberanía como Pueblo en cada uno de los aspectos de nuestras vidas, para defender la Patria en peligro, la Patria, que es el otrx.

Comentarios

comentarios

OPINIÓN Por Maximiliano Rusconi

Los presos “no políticos” de Lavagna

OTRAS NOTICIAS

Encuesta

¿Cómo considera que está la situación económica actual del país, en comparación a un año atrás?

Cargando ... Cargando ...
VIDRIERA POLÍTICA