BALLESTER PERDIÓ 2 A 0 CONTRA LUGANO

22 septiembre, 2008

Jugadas siete fechas, el equipo que conduce técnica y tácticamente Hugo Bianchi no encuentra el rumbo y el sábado 20, por la 7ma fecha, contra Lugano, el rendimiento colectivo (sobre todo en la delantera) volvió a ser el mismo que en los partidos anteriores.

Otra derrota

Al marcar un paralelo con el fútbol y la medicina, Central Ballester padece algo de esta enfermedad. Jugadas siete fechas, el equipo que conduce técnica y tácticamente Hugo Bianchi no encuentra el rumbo y el sábado 20, por la 7ma fecha, contra Lugano, el rendimiento colectivo (sobre todo en la delantera) volvió a ser el mismo que en los partidos anteriores.

Para convertir goles, que son los que hacen ganar un partido, primero hay que crear situaciones de riesgo contra el arco rival. En el fútbol, la sangre sería el terreno de juego; la hemoglobina, el volumen de juego; y el oxígeno, la pelota.

En el PT, el “Naranja” y el “Canalla” no se sacaron ventajas. Fue un partido muy estudiado en el que ninguno se animó a lastimar a su rival. Aunque las situaciones más claras las generó el local.

El “Bocha” Monzalvo bajaba muchos metros para trasladar el balón, pero no tenía un socio en el cual descargar. Como si fuesen dos jugadas calcadas, el “10” buscó a Pessalache con dos pases verticales y profundos, en el que sólo uno obligó a salir del área a Sosa.

A los 26’, Ballester casi pagó caro una desinteligencia en el fondo: la pelota le picó mal a Serrizuela, lo que hizo dudar a Carbone y Sánchez, que merodeaba el área, definió por arriba del travesaño. A los 31’, el “1” se reivindicó, tapándole un mano a mano a Sánchez.

Zapatazo desde 30 metro y el invento del árbitro

En el ST, Lugano se encontró con un gol desde el “vestuario”. Al minuto de juego, Aguirre aprovechó un error de Morey y con un remate desde 30 metros convirtió el primer gol del partido.

Cuando Ballester se recuperaba del golpe, el árbitro Mario Panell terminó de liquidarlo. A los 15’, a la salida de un tiro de esquina, interpretó que Puglisi tomó de la camiseta a un rival y cobró el penal, que sorprendió hasta los propios jugadores de Lugano. Fiorentino hizo “vista gorda” y cambió el penal por gol.

A partir de allí, Bianchi buscó variantes en el ataque, pero siguió sin generar situaciones de riesgo. El local pudo haber aumentado la diferencia, pero Sánchez no estuvo preciso con el arco.

Santo remedio

El diagnóstico, que es el procedimiento por el cual se identifica una enfermedad, ya está hecho. El remedio es continuar con los trabajos en la semana e intensificar las variantes en el ataque, y de esta manera llegar a convertir los goles que es, en definitiva, el antídoto ante cualquier “enfermedad futbolística”.

Leonardo Mazza

(Prensa CSyDCB)

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