Casi un siglo

9 julio, 2018

Y.E.G. – Ya Estamos Grandes, es el nombre de un sello discográfico de música electrónica de Buenos Aires. Y siendo la electrónica, con poco más de par de décadas, una de las culturas musicales más vinculadas con lo nuevo y la vanguardia, imaginen lo grande que estamos respecto de los mundiales de fútbol… Cumplimos 88 años de mundialmaníacos.  “Todo pasa y el tiempo también…”

Por Fab Spina

Estar grande puede implicar contenidos positivos, el tiempo hace de Caniggia y Basualdo los valorados subcampeones del ’90, mientras Mascherano y Di María son apenas los que perdieron la final del 2014.

Pero también hay consecuencias menos agradables. Dentro de estas podríamos incluir la mayor posibilidad de caer en algunos clichés, por ejemplo, el de “todo tiempo pasado fue mejor”. Y aún poniendo énfasis en no caer en ellos, hay ciertos detalles más complicados de evadir.

Los futboleros somos hinchas de un club,  que suele ser aquel del que gritamos los primeros goles y nos conmovimos con triunfos y emociones cuando nuestro sistema emocional estaba virgen y a flor piel.

Y un poco más adelante, pero no tanto, cuando empezamos a ponerle algo de comprensión a este maravilloso juego, creamos cimientos de opinión sobre estilos y filosofías futbolísticas, las primeras “verdades” son las que quedan más tatuadas en nuestros arquetipos. Un riesgo de cuando uno se pone grande es creer que lo que ya vi es lo mejor que voy a ver.

Traducido a la charla de café mundialista:  los candidatos siempre los ponemos entre los que ya fueron campeones, y cuanto más veces fueron campeones más candidatos nos parecen, casi como por inercia opinológica.

Por supuesto que la historia tiene un peso, y al comenzar un mundial a Brasil y Alemania naturalmente habrá que echarle un ojo, pero no por ello quedarnos con eso como única verdad posible. Ese es el desafío.

El fútbol, como la vida misma, cambia, evoluciona o involuciona ¿quien lo afirmará?, pero sea como sea, cambia. Y esa palabrita: cambio, es lo que nos cuesta, porque cuando estamos grandes hay más lugar para la foto de lo conocido que para una nueva imagen. Una especie de pereza por el confort de lo que ya sabemos.

 

Todo lo anterior sumado a que, parte del núcleo de la argentinidad es la nostalgia tanguera, aquello que pasó, la foto en sepia, la primera novia, el campeón en blanco y negro, que con una pizca de certezas de perogrullo -pintorescas y hasta graciosas pero poco fundamentadas- se convierte en una sopa con un caldo espeso, nosotros somos los piolas, los hábiles, los atorrantes del balón, y si no tenemos fútbol ganamos con coraje, que decanta en una falsa verdad instalada: perder es sinónimo de no tener huevos. Buh, me cansé.

“Salen campeones siempre los mismos”

“Francia fue campeón pero solo de local, son pechos fríos, igual que los belgas que juegan lindo pero nunca ganan nada”

jejeje

 

Se fue Brasil, se fue Alemania, nos fuimos nosotros L.

Quedan Francia e Inglaterra, campeones pero poco frecuentes, quedan Bélgica y Croacia, novatos y poco creíbles para los que estamos grandes.

 

Queda el afán de despojarnos de la rigidez de que la única música en serio es la que escuchamos en nuestra juventud, y que el mejor fútbol posible es el de los compilados en formato VHS.

Así como Ernesto Sábato se puso optimista en los últimos de sus 100 años de vida, tratemos de liberarnos del estigma mundialista de que ya lo hemos visto todo sin dar crédito a que algo distinto pueda suceder. Y lavémonos la cara y sacudamos la modorra, hay muchos discos por descubrir, hay nuevos goles por disfrutar.

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