Diario de un fracaso

3 julio, 2018

Un entrenador que llegó como el precursor de la renovación y el cambio. Dirigió quince partidos y el equipo nunca logró un buen rendimiento ni una idea concreta de juego.

Por Marcial Ferrelli

Tenía todos los créditos para la «nueva» dirigencia de la AFA, era el candidato fetiche, pero había un problema sustancial. El entrenador argentino estaba en funciones a cargo del primer equipo del Sevilla, y para contratarlo había que abonar la cláusula de rescisión. El flamante presidente del fútbol argentino, Daniel «Chiqui» Tapia, lo hizo, pagó U$S 1.600.000 por el rompimiento de aquel contrato del técnico con el club español.

El «zurdo» de Casilda tomó las riendas de la selección mayor de Argentina, el 1 de junio de 2017, con el equipo en zona de repechaje, en el quinto lugar, con 22 puntos en las eliminatorias mundialistas.

Fue la primera decisión fuerte de Tapia, por sobre el aval del presidente de la Nación, que no lo quería a Sampaoli por su perfil kirchnerista. Para el «chiqui» era la solución a los problemas futbolísticos del equipo, la revolución en la selección que prometía el entrenador endulzaba los oídos de los dirigentes y contaba con el concenso de los hinchas, cansados de la apatía que mostraba la formación de Bauza.

El trabajo de Sampa comenzó por generar relación con los jugadores, armarle una estructura a Messi, el único fijo en su equipo y viajó por toda Europa para entablar confianza con sus nuevos dirigidos. Era tal el apoyo para el DT, desde la AFA, que reorganizaron la sub20 por pedido del entrenador , para acomodar a Becaccece y Nico Diez, sus colaboradores.

Con él al frente, la Selección nunca encontró el equipo, se clasificó en la última fecha gracias a la “liviandad” de un Ecuador «muleto». La selección jugaría en Rusia, comenzaba la carrera para elegir el plantel que disputara la Copa del Mundo.

En un principio se creyó que tendría la personalidad para elegir a los que mejor estuvieran física y futbolísticamente. Coqueteó durante meses con jugadores del fútbol europeo y de la Superliga argentina. Recorrió estadios y miró partidos de todas las competencias.

En la última gira por el viejo continente, antes de la copa, la selección sufrió una dura derrota a manos de España. Una goleada por 6 a 1, que dejaba grogui emocionalmente al plantel. La delegación tenía previsto en mayo una visita al Papa Francisco en el Vaticano y posteriormente un amistoso frente a Israel en Jerusalén. Ninguno de los dos eventos se llevaron a cabo, desde AFA alegaron problemas logísticos, lo que generó una imagen negativa para la selección, días antes del Mundial.

Sin bases sólidas en juveniles, la selección se quedó sin una cantera a futuro con malos resultados y ciclos interrumpidos. Ante ese panorama Sampaoli terminó inclinando la balanza a favor de los históricos, ir a la fija y creer que la sed de revancha de los sub30 y el «brujo» Manuel, lo convertirían en el nuevo gurú de la Selección Argentina.

Sus propias decisiones empezaron a embarrarle la cancha al estratega. Aquella promesa revolucionaria y de renovación se extinguió como el humo de un asado. La confección de la lista definitiva dejaba afuera el aire fresco, el cambio, lo nuevo, las promesas. Otra vez las mismas caras en la base del equipo, la generación de las finales perdidas.

El principio del fin comenzó con la dudosa exclusión de Sergio Romero, histórico del arco argentino en los últimos mundiales y sin grandes inconvenientes más allá de la frustración grupal por los resultados esquivos en aquellas definiciones. En su lugar apareció Guzmán, previamente desafectado por el mismo entrenador que había elegido a Franco Armani, de gran presente en River.

El debut frente a Islandia por los puntos mundialistas, mostró una pálida versión en el juego. Desde la formación inicial y los cambios, se vio improvisación en el cuerpo técnico. En el siguiente partido se notó la fractura entre las partes, técnico contra todos, anarquía, desequilibrio y la dura derrota ante Croacia 0-3.

Los días posteriores a la caída y con el resultado positivo de Nigeria contra Islandia, los jugadores en clara rebeldía firmaron un pacto contra el DT y se autogestionaron. El armado y los cambios estarían a cargo de los intérpretes y no del director. Las constantes discusiones con su asistente Becaccece, acabaron con la paciencia del plantel, se cortó la relación.

La emoción del triunfo agónico con Nigeria no arregló la cosa pero generó un impasse, una tregua efímera que duró hasta el 3-4 con Francia y la eliminación en los octavos de final.

La situación se encuentra en una nebulosa, Jorge Sampaoli fue de los últimos en abandonar la concentración argentina ayer. Lo hizo en dirección a Buenos Aires, donde le esperan muchas críticas y una reunión con el presidente de la AFA, «Chiqui» Tapia. En esa reunión se tratará su continuidad, que, ahora mismo, es casi imposible por varias razones: su fracaso en Rusia; la deteriorada relación con los pesos pesados del vestuario; su continuo cambio de rumbo en las alineaciones.

El entrenador quiere seguir, en su círculo íntimo afirman que está con fuerzas para continuar. En la reunión de Buenos Aires, volverá a prometer renovación con una lista de nombres y un plan de trabajo en el tiempo. También contaron que si no hay continuidad, el DT pedirá toda la indemnización económica.

Contractualmente, Sampaoli tiene vínculo con la Albiceleste hasta después del Mundial Qatar 2022, que será a finales (noviembre y diciembre) de ese año. En el contrato hay una cláusula que permite romper el vínculo unilateralmente, por cualquiera de las partes, después de la Copa América Brasil 2019. Si la AFA quiere despedirlo y no llega a un acuerdo con el entrenador, deberá pagarle la totalidad de lo acordado, que supera los 15 millones de dólares. Pero los medios y el público piden su salida.

De los doce integrantes del cuerpo técnico que viajó a Rusia, solo tres continuarían si Sampa logra el propósito de seguir al frente de la celeste y blanca, éstos serían: el preparador físico Jorge Desio, el analista de video Matías Manna y su agente de prensa, Ezequiel Scher. Con el resto, terminó en muy malos términos, peleados y distanciados.

No es fácil sustituirlo. La mayoría de candidatos está ahora en equipos importantes: Simeone, Gallardo, Pochettino. Hay otros que suenan y tienen menos caché como: Almeyda y Gareca.

Polémicas frases de Sampaoli en su libro: «Mis latidos»

«no me gusta planificar nada, el fútbol no se estudia. No me gusta leer, de un libro pispeo las dos primeras hojas y me aburro…».

“Yo no planifico nada. Todo surge en mi cabeza cuando tiene que surgir. Brota naturalmente en el momento oportuno. Odio la planificación. Si planifico, me pongo en el lugar de un oficinista. Soy el de Alumni del 91. El fútbol no se estudia; se siente y se vive. Parto desde ahí. Yo soy de la calle; negar eso es imposible. Es raro que me hayan puesto la etiqueta de planificador. No sé a qué obedece…».

«Tal vez mis charlas suenan a las de un tipo súper estudioso. Nunca fui estudioso. Ni en el colegio, ni en la facultad, ni en el curso de entrenador. Escribo tres cosas en un papel y me cansé…”.

Las promesas y decisiones de Sampaoli

  • Siguió a jugadores que desestimó sin motivos.
  • Prometió una revolución, pero terminó jugándose todo en el Mundial casi con el mismo equipo de Gerardo Martino.
  • Su propuesta era una formación nueva y con intensidad, jugó con un once histórico con un promedio de 30 años de edad.
  • Su esquema era con 3 o con 5 defensores, con una versión más elástica y moderna, pero eligió una línea 4 hombres atrás por pedido de los jugadores.
  • En quince partidos nunca repitió la misma alineación.
  • Sus equipos nunca mostraron un patrón de juego.
  • Insistió con la salida de juego por abajo sin los jugadores adecuados ni la precisión para desarrollarla. 
  • Le faltaron marcadores centrales y volantes de marca en la lista 23.
  • Llevó a jugadores como Lucas Biglia y Ever Banega al límite en lo físico.
  • Generó malestar por discusiones con su ayudante Beccacece delante de los jugadores.
  • Cambiante y ciclotímico con los jugadores en los entrenamiento y las formaciones para los partidos.
  • Publicó un libro antes del Mundial que lo expuso demasiado, en donde afirma que no planifica nada.
  • Transmite demasiado nerviosismo, deja un surco al costado del campo. Camina sin parar de un lado a otro.
  • Insultó a un jugador croata.
  • Solicitó tiempo para trabajar antes de Rusia y abusó del tiempo libre a los jugadores en la gira por Barcelona.
  • Participó en un vergonzante episodio en su Casilda natal, cuando hizo ostentación de lo que ganaba ante un policía.
  • El 9 de su equipo era Icardi y no lo llevó al Mundial.
  • En el partido definitorio con Francia, jugó con un falso 9.
  • Agüero, a pesar de una artroscopia en una rodilla (misma intervención que Romero) igual integró la lista final, pero jugó poco.
  • A Dybala lo puso menos de media hora.
  • Insistió que Mascherano era central, pero terminó siendo su 5 en Rusia.
  • Caballero el elegido por su manejo de la salida por abajo, y en el que cometió un error histórico.
  • Enzo Pérez, que no había estado entre los 23 iniciales, lo hizo parte de los 11 de repente.
  • Lo Celso en los entrenamientos, formó parte del doble 5 titular, pero no jugó ni un minuto.
  • Marcos Rojo, casi sin acción en el Manchester United, arrancó como segundo central.
  • Expuso en una posición incómoda a Salvio como falso lateral derecho.
  • Nunca le encontró un socio al mejor, Messi no encontró un padrino de juego, salvo esporádicas apariciones de Banega.

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