Por qué no arranca la economía

16 marzo, 2018

La Noticia Web analizó los motivos por los que la economía local no encuentra el rumbo.

En las últimas semanas el Gobierno nacional de Cambiemos ha mostrado estar preocupado por el errático desempeño de la economía. Si bien no lo señalan en voz alta, la avanzada legislativa, con ajustes de por medio  y el cambio inesperado en la política monetaria dan cuenta de ello.

La economía en 2017 ha rebotado de su punto más bajo a mediados de 2016 pero no logra despegar. Un crecimiento promedio apenas superior al 3% en el año que termina, no augura un futuro positivo.

La información oficial del INDEC es clara al respecto: el consumo está frío (con caídas en las ventas de supermercados en noviembre), las exportaciones totales apenas crecen y la inversión aumenta pero por ahora muy lentamente. El frente externo es complicado por el brutal aumento de las importaciones, el déficit comercial, la cuenta corriente y la poca iniciativa de los inversores transnacionales.

Los brotes verdes son pocos y la lluvia de inversiones no se ve en el horizonte. Para completar la situación, la política fiscal de ajuste paso a paso (gradual y no de shock) y la política monetaria de ajuste brutal (altísimas tasas de interés real) crean un mix de deuda.

El gobierno de Cambiemos quiso pegar un salto de calidad a partir de ‘librar las fuerzas productivas’ con reducciones impositivas: a fines de 2015, eliminación y rebaja de retenciones a las exportaciones, en 2016 reducción de la presión tributaria -bienes personales-, en diciembre de 2017, reducción de aportes patronales e impuesto a las ganancias de las grandes empresas.

Transcurridos dos años de gobierno de Cambiemos, el diagnóstico inicial que buscaba la inversión privada con la sola presencia de Mauricio Macri, falló. El sector empresario no termina de jugar con el gobierno e incluso ha generado rispideces. Marcos Peña tuvo que reunirse con la cúpula de la UIA, para bajar la tensión.

El gobierno busca reducir el déficit fiscal primario sustrayendo paulatinamente la inyección monetaria en el sistema. Sin embargo, lo que no se paga por un lado, se termina insumiendo en los intereses de deuda, que son el rubro que más creció en el presupuesto entre el 2017 y el 2018. La economía argentina hoy como está, necesita 30 mil millones de dólares anuales para financiarse.

Las señales dadas en materia monetarias son inconsistentes. Mientras el BCRA fijaba altas tasas (para esterilizar pesos), el Gobierno prefirió aceptar mayores niveles de inflación a cambio de no resignar actividad económica.

Pero además, hay que sumar la corrección de los precios relativos de la economía que terminan impactando directamente en el la inflación. Al mismo tiempo, y aunque el gobierno se empeñe en decir que las paritarias son libres, lo cierto es que buscan reducir la tensión en el precios reduciendo poder adquisitivo del salario.

Pero más allá de las inconsistencias macro que puedan señalarse en el corto plazo, el gobierno sigue apostando a la inversión privada que no llega. La reforma laboral, para mejorar el “costo argentino” quedó congelada luego de los dramáticos hechos de diciembre y el pedido al sector empresario para que compita en una economía “abierta al mundo” es permanente.

Por ahora y en concreto, el mercado y el consumo interno no mueven la aguja. Tampoco lo hace el sector externo con las exportaciones (Brasil continúa aletargado). La inversión privada (interna o externa) no llega.  En un año no electoral, el gobierno le sacará el pie del acelerador a la obra pública. Hoy la economía argentina, que pese a todo crece, basado en los servicios, el agro (a pesar de la sequía) y las finanzas tiene buena parte de su andamiaje aceitado por el endeudamiento externo. Pero la pregunta que nadie sabe responder, es hasta cuándo.

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