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23 de Enero de 2018

El valor de las cosas que nos unen

Propongo que pongamos por encima de los intereses sectarios el interés de la unión de todos, que dejemos de lado las invitaciones con las que nos bombardean para dividirnos y hagamos valer ese orgullo de ser argentinos.

Por Ramón Gómez, Dirigente de la UOM Seccional San Martin, Concejal Peronista

EL FÚTBOL COMO LA EXACERBACIÓN DE LO BANAL

En estos tiempos que vivimos los argentinos, saturados entre grietas e individualismos, nuestra sociedad debería proponerse un serio análisis respecto de aquellas cosas trascendentes que nos unen como pueblo. Un ejemplo significativo, sencillo y cotidiano es el caso de nuestra Selección nacional de fútbol. Es el caso de este deporte, como ningún otro, que permite trazar innumerables paralelismos.

Hagamos memoria. Sin ningún tipo de dudas, la decisión de Lionel Messi de renunciar a la selección fue el tema del momento. Usted recordará que por esa circunstancia se revolucionó la opinión pública. Los Medios escritos y orales hablaban de ello como si se tratase de un tema crucial para nuestra identidad, pero sin embargo, todos sabemos que existen temas mucho más profundos que laten dentro de nuestra idiosincrasia, de nuestra cultura, en fin… de nuestro Ser Argentino.

Me refiero al Diez Nacional y a la Selección, porque sé muy bien lo que representa este deporte y lo hondo que palpita dentro de nuestra sociedad. También creo que ese sentimiento transmite un poco cómo somos en tanto “colectivo”, como “equipo”, de alguna forma refleja nuestro proceder como sujeto social, como Nación, y si me permite decirlo, como Pueblo.

El día que la Selección juega una final, es una jornada distinta. Las familias, los amigos, se amontonan delante de un aparato de televisión compartiendo altibajos de sensaciones. Recuerdo especialmente aquella final de la Copa América. La familia alrededor de la “caja boba” alentando y sufriendo, pero también con la ilusión de que NUESTRO equipo nos regalase una alegría que a la postre uniera a los argentinos en un mismo festejo, que nos permitiese durante un rato alejar nuestras diferencias provocadoras de grietas.

Aquella vez imaginé miles de hogares como el mío, abrazados y expectantes como lo estábamos con mi esposa e hija (de dos años) que algo sentiría, ya que tenía una expectativa como si entendiera el acontecimiento especial con ese partido. Todos teníamos la convicción de que en el departamento de al lado, de arriba y de la de abajo pasaba lo mismo. Que no veíamos la hora de que explotara ese festejo que nos empujaría a la vereda o al balcón acaso, y que nos haría mirar a los ojos con quien nos encontremos allí, con el pecho inflado de orgullo argentino, sin importar credos, por encima de otras diferencias.

Pero no fue así, recuerda. Perdimos. Y ahí, podríamos decir, apareció nuestra peor versión, ahí comenzamos a buscar culpables, ahí dejamos de ser NOSOTROS. Nos desilusionamos y como si fuera un mecanismo de autodefensa dejamos de querer tanto a nuestra selección.

En esas oportunidades, existe “alguien” que aprovecha esos momentos y establece como gran tema en los medios de difusión, el espectáculo de lo que podríamos llamar sincericidio, El triste concepto que dice que para la mayoría de nosotros es más importante el equipo del que uno es hincha que la Selección Nacional. Claro está que se trata de dos tipos de sentimientos, que obedecen a las rivalidades que nos dividen y al folklore del futbol que lleva impresa la picardía de cargar inmediatamente a nuestro rival de turno.

Sí, leyó bien, lo llamé sincericidio, porque amar al club del que uno es hincha está bien. Bancar al club de tus amores está bien. Apostar el espacio que te representa y defenderlo está bien.
Pero que estas cosas sean positivas, no las configuran como más significativas que la propia Selección Nacional. La parcialidad jamás es superior a los intereses de todos y esos intereses, deberían unirnos por encima de las diferencias parciales, que a la postre terminan desgastándonos.

A esta altura, creo que existe gente que se beneficia con nuestras divisiones y propende a exacerbarlas y a sostenerlas, aún con temas que podríamos considerar superfluos como el fútbol. La actualidad, los acontecimientos cotidianos, las decisiones políticas, en fin, un sin número de situaciones, proclaman cada vez más claramente que en verdad existen esas personas que necesitan acicatear las diferencias.

LA POLÍTICA COMO LA BANALIZACIÓN DE LO IMPORTANTE

En términos políticos, podríamos decir que hace relativamente muy poco tiempo se plasmó en las urnas el resultado de una elección que instauró legalmente a la Alianza Cambiemos como Partido de Gobierno. Esto mostró al final del ballotage, una decisión dividida de un 51% contra un 49%.

Cambiemos triunfó con el 51%. Paradójicamente, si nos atenemos a los guarismos generales, comprobamos que el 75% de los argentinos fue derrotado. Pero a partir de entonces, ese inmenso porcentaje que NO votó a ganador, padeció una inmensa devaluación que le destruyó el poder de compra de su salario, comprobó cómo los tarifazos impactaron en su ingreso depreciado por la inflación y la devaluación, generándole dificultades para llegar dignamente a fin de mes y padeció la denigración que significa perder el empleo y ser arrojado sin más alternativa a la calle.

Todo esto que vivimos quienes formamos parte de esa inmensa mayoría derrotada en la urnas. Sabemos que existen quienes hacen pingues negocios particulares alentando nuestra división. Esa gente que alimenta el culto al individualismo y que nos quiere hacer creer que es mejor el país de a uno que la Patria de Todos. Ese individualismo que fomenta el beneficio de apenas un 25% de la población.

De la mima forma que utilizan el fútbol, fomentando que es más importante nuestro Club de afición que la Selección Nacional. Un recurso preciso, a la mano, popular, que incorpora incautos en detrimento de todos.

Igual que con el fútbol, lo hacen con cada tema de la realidad. Destruyeron el buen nombre del joven Maldonado, taparon el asesinato a mansalva del otro muchacho de origen mapuche de apellido Nahuel, se desentendieron y banalizaron el tema del ARA San Juan. No existe ningún tema tratado con seriedad por este gobierno, incrementaron la deuda externa a límites ingobernables, nada se realiza en función de “cuerpo social”. Toda actitud está condicionada al viejo apotegma “sálvese quien pueda”.

Humildemente le solicito señor lector que no le demos el gusto.

Propongo que pongamos por encima de los intereses sectarios el interés de la unión de todos, que dejemos de lado las invitaciones con las que nos bombardean para dividirnos y hagamos valer ese orgullo de ser argentinos.

Propongo que revisemos lo que hicimos mal como equipo y nos hagamos cargo.

Que hagamos los cambios necesarios, que saquemos a aquellos que juegan para ellos mismos y los reemplacemos por quienes den todo de sí mismos por el bienestar de las mayorías.

Que los nuestros sean valientes y valiosos, formen parte de esta inmensa mayoría conformada por aquel setenta y cinco por ciento derrotado coyunturalmente y que entre todos, en comunión de intereses recuperemos la alegría de vivir, ese valor intrínseco del pueblo de la Patria, que nos une siempre y más allá de pequeñas diferencias, a todos quienes necesitamos volver a ver de pie a la Argentina que trabaja y sueña con un futuro en Paz y Solidario.