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19 de Enero de 2018

Por qu no viene el Papa Francisco?

Los grupos mediáticos, que son la expresión de los sectores de poder dominantes en la Argentina, han redoblado la crítica al Papa Francisco, ahora por no anunciar su visita a nuestro país. Circunstancia paradigmática si las hay, lo critican y condenan por lo que dice, pero reclaman su presencia para poder seguir criticándolo.

Por Jorge Benedetti

El diario La Nación del 15 de enero publica varios artículos sobre el Papa y el inicio de su viaje a Chile y Perú. Como suele suceder, el “más venenoso” es el de un tal Loris Zanatta, que bien podría haberse dedicado al género de “la sanata”, pero decidió hacer lo que aprendió de comentaristas deportivos de mediocre capacidad. Estos -para hacerse notar- eligen un supuesto contrincante de mucha valía para hacer como si se pelearan. Así critican a Messi o a Maradona, creyendo que con eso se ponen a la altura de sus criticados, que los ignoran y -en la mayoría de los casos- inclusive desconocen su existencia.

Este ignoto personaje usa los espacios que el antiguo diario de los poderosos le otorga para escribir líbelos de bajo alcance. Como casi siempre sucede, lo acompaña un crítico “más educado”, José M. Poirier, quien escribe anodinas notas rosas, donde cada crítica se acompaña de un supuesto elogio, digno de un timorato y pérfido equilibrista.

Lógicamente la editorial sigue la misma línea, es decir, todos los artículos carecen de la más mínima imparcialidad, siendo la verdadera causa del odio, el hecho de que el papa habla y ama al pueblo (a todos los pueblos), circunstancia que La Nación hace 150 que no puede soportar y que sus amanuenses respetan hasta el cansancio. Cuando hablamos de pueblo lo hacemos “en su concepto histórico mítico y en sus dos dimensiones: como Pueblo de Dios en marcha, figura de la Iglesia adoptada por el Concilio y el Pueblo, como sujeto histórico transformador de la realidad y superador de las categorías de clase, multitud, gente, colectivo de individuos, etc.” (Documento fundacional de Generación Francisco)

Pero los ataques no terminan allí. El diario El Clarín, no podía quedarse atrás y con la participación de otro desconocido “periodista militante” (Ricardo Roa), el día 16, bajo el título de ¿Quién tiene la culpa de que el papa no venga? no sólo critica a Francisco, sino que extiende la condena a la Conferencia Episcopal Argentina, a Mons. Marcelo Sánchez Sorondo y al titular de la UCA, Mons. Víctor Fernández. Ya Morales Sola en su columna del último domingo había criticado a Gustavo Vera, Juan Grabois (al que no se sabe con qué autoridad le pide su renuncia a la asesoría que cumple en el Vaticano) y también a Mons. Sanchez Sorondo. Para completarla nuevamente hoy, Morales Sola se la toma contra Francisco, afirmando que la distancia entre él y Macri “no tiene justificaciones” (¿?)

La prudencia y sabiduría de Jorge Bergoglio, lo ha distinguido a lo largo de toda su vida, entonces valdría la pena imaginar por qué no ha decidido aún su viaje al país que tanto ama. Toda afirmación de Francisco es tergiversada y deformada, porque “hace populismo”, por ser “demagógico”, por apoyar supuestamente a determinados partidos o movimientos políticos populares, tanto en nuestro país, como en toda América Latina, etc., etc.

Tratemos de analizar lo que pasa en Argentina y correlacionémoslo con el pensamiento social de la Iglesia, tan claramente expresado por el papa. De todas maneras no olvidemos que los grupos de poder concentrados de todo el mundo son los que sustentan la campaña contra Francisco y para ellos nada mejor que golpearlo en su propia patria (si hasta inventaron una candidatura argentina en la ONU para contraponerla con el papa).

Francisco inició su pontificado bajo el lema de “una Iglesia pobre para los pobres”, mostrando su predilección por los bienaventurados del Evangelio. Todos sabemos que la pobreza ha aumentado en los últimos dos años en nuestro país (lo mismo que en Brasil y otras naciones del continente).

Hoy, todos los analistas, en particular los oficialistas, anuncian un crecimiento de la economía para el año que se inicia, pero al mismo tiempo destacan que la pobreza irá en aumento y que la brecha, que se agrandó durante los últimos dos años, ahondará aún más la verdadera “grieta” de Argentina y América Latina toda.

Pero también el papa ha mostrado especial preocupación por los desocupados, los hombres y mujeres que están más lejos de salir de la pobreza, prestando particular atención a este problema y convocando a los Movimientos Populares que los agrupan en todo el mundo, para desarrollar un diálogo fraterno y solidario. Este sector de la sociedad se ha visto condenado por las políticas que priorizan el pago de la deuda externa (que este gobierno contrajo de manera desmesurada) y la situación de los desposeídos, los “manteros”, los cooperativistas, los vendedores ambulantes, etc., se ve agravada día a día (sin olvidarnos la existencia de dirigentes sociales injustamente detenidos, cuyo emblema es Milagro Sala, en decisión cuestionada por los organismos americanos y mundiales de derechos humanos, ha recibido por parte del papa el saludo afectuoso, junto con un Rosario.

Por otra parte Francisco ha dedicado su providencial atención a dos sectores etarios de la población mundial: los niños y jóvenes y los ancianos. Sabemos que más del 50 % de los niños en Argentina está por debajo de la línea de la pobreza y que la Asignación Universal por Hijo (AUH), constituyó una política social que nadie ha criticado seriamente (no consideramos los tristes papeles de quienes han afirmado que “las negras se embarazan para cobrar la AUH” o que es dinero que "se está yendo por la canaleta de la droga y el juego", si bien uno fue candidato a gobernador de la tercera provincia argentina y otro uno de los “lideres” fundadores de la coalición gobernante. Insistimos su consideración no vale pena). El cambio de fórmula de ajuste de dicha asignación la reduce considerablemente, siendo inexplicable esta política cuando “alegremente” se habla de “pobreza cero”.

Lógicamente el mismo ajuste, ordenado por el FMI y los “dueños” de la deuda externa, sufrieron los jubilados, quienes no sólo han visto reducidos sus ingresos, sino que la nueva norma hará que cada vez pierdan más la reducida capacidad adquisitiva que ya tenían.

Dos últimas consideraciones. La “cultura del diálogo” y el honor a la verdad son dos signos distintivos del pensamiento del papa, mientras que desde los sectores dominantes se ahonda sistemática e incansablemente la grieta que divide a los argentinos, la verdad ha dejado de estar presente en el discurso político dominante. Desde las cuestiones que el candidato presidencial triunfante había garantizado que no haría y luego de la elección realizó de inmediato, hasta las garantías de que la fórmula de ajuste previsional no sería tocada, sostenida por el Jefe de Gabinete, la gobernadora de la provincia de Bs. As, la primera candidata a diputada de la Capital, etc., etc., para ser -luego de la elección- impuesta por todos los artilugios posibles, lo que muestra un total desprecio por la verdad y el diálogo en cualquiera de sus formas.

Mientras esto hace el oficialismo y los sectores de poder dominantes, la oposición, que obtuvo el 60% de los votos, ha sido incapaz de articular un frente que ponga límites a tanta ignominia y salvo honradas excepciones, fue por estar claramente a favor de estas políticas, por meras vanidades, o por circunstancias de dudosa conducta.

Entonces nos preguntamos, qué estamos esperando, que el papa venga a enfrentar las políticas de los sectores de poder (de las que está totalmente en contra), mientras la oposición no muestra la inteligencia y las virtudes necesarias para modificar una situación que está destruyendo a nuestro país, encadenado a las futuras generaciones a una situación de pobreza y marginalidad, la que además se expresa en el pago ya absurdamente centenario que nuestros tataranietos deberán afrontar.

Que el gobierno ponga límite a sus políticas de concentración del poder económico y de destrucción del trabajo de los argentinos y que la oposición ocupe su lugar lejos de mezquindades, jactancias y mediocridades.

El pueblo argentino ha comprendido la necesidad de asumir por sí mismo, tanto la resistencia, como la transformación de la situación de nuestro país. No espera que Francisco haga lo que cada uno debe hacer, sino que actúa en concordancia con el papa y siguiendo su ejemplo realiza hechos y gestos más que discursos.

Si nuestra clase dirigente se pone a la altura de las circunstancias, los argentinos podremos recibir rápidamente al papa Francisco con la alegría del reencuentro y la esperanza de un mundo mejor.