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1 de Noviembre de 2017

Cambi la cancha

Después de la crisis de 2001 y un rato de duhaldismo, el kirchnerismo se metió en el baldío y empezó a jugar en un potrero mientras pintaba las rayas de la cancha. Así, el que quisiera entrar tenía que aceptar como límites, por simplificar, la Asignación Universal por Hijo y la prisión para los represores de la última dictadura militar. Ahí Néstor primero y Cristina después eran locales y te llenaban el arco. La centroderecha, la derecha o como quieran identificar a Cambiemos, tomó nota.

Por Jairo Straccia, para Perfil

Si una vez hacés campaña en un ballotage advirtiendo que se viene el tarifazo y perdés por poco, es lógico que en la próxima elección, si se produjeron los aumentos en los servicios públicos que anticipaste, tu leitmotiv vuelva a ser el mismo al cuadrado: decir que si votan otra vez a los que habían elegido antes se van a venir más aumentos de luz, gas, agua y sobre todo transporte. Algo así como todas las plagas juntas. El tema es que si volvés a perder, y encima por más votos que antes, como le ocurrió al kirchnerismo el domingo pasado, te quedan dos caminos: salir a decir que lo que pasa es que la gente se come más el verso de Leuco que el verso de Navarro, que ya no están Barragán ni Dorio para guiar al pueblo desde la TV Pública o que ahora Paka Paka trabaja para el imperio, o bien pensar que tal vez la cancha donde se está jugando el partido cambió, y que ahora hay otras reglas que tu rival entendió antes que vos.

Después de la crisis de 2001 y un rato de duhaldismo, el kirchnerismo se metió en el baldío y empezó a jugar en un potrero mientras pintaba las rayas de la cancha. Así, el que quisiera entrar tenía que aceptar como límites, por simplificar, la Asignación Universal por Hijo y la prisión para los represores de la última dictadura militar. Ahí Néstor primero y Cristina después eran locales y te llenaban el arco. 54%. “Armen un partido y ganen las elecciones”. Era una especie de “Si te da el cuero, vení y bancatelá”.

Y sí, para jugar había que adaptarse a esas reglas. Daría la impresión de que la centroderecha, la derecha o como quieran identificar a Cambiemos, tomó nota. No sólo por las cosas que milimétricamente estudiadas dijo en la campaña 2015. Hoy ves las cuentas públicas y en septiembre la partida de prestaciones sociales creció al 36%. Conclusión: la fuerza más conservadora se adaptó a esas reglas, fue a jugar ahí y ganó. De hecho, sigue respetándolas, si no, qué otra cosa es el gradualismo. La cuestión para los que están enfrente es que ahora empezó a repintar la cancha con otras medidas. Daría la impresión, después de los últimos resultados electorales, que el reglamento bajo el que se juega el partido se actualizó.

Fíjense. No sólo la oposición asustaba en la campaña con que se venían azos de todo tipo, en las tarifas y en el ajuste del gasto. El propio Gobierno admitía que ya estaba escrito el cronograma de aumentos en energía según las audiencias públicas previstas. Ya ni siquiera le hizo falta al management PRO que sus candidatos se hicieran los giles y mintieran con las medidas más duras pos- comicios. Todo el mundo sabía que hay una nueva tanda de aumentos prevista para el último trimestre del año. Fue el centro de la campaña de Cristina Kirchner y los suyos, que igual perdió.

Allá en el fondo estaban agregando otra raya de cal en el estadio: a la AUH y los derechos humanos, ahora se le agrega la demanda de la sociedad por, quizás algo más de transparencia (sólo algo) pero sobre todo por mejores servicios públicos, después de años de únicamente boletas y pasajes baratos. Ahora la cosa es “no me importa si me cobrás más, si no tengo que cacerolear en diciembre con 30º C porque no hay luz en el barrio”; la nueva regla puede ser “no me importa que me mates con la tarifa del tren, si hacés que el tren frene, y no me mate”.

En un contexto súper desbalanceado donde el amarillo tiñe la mayoría de las provincias, los medios, la Justicia y el ánimo sindical y empresario, es crucial que haya una fuerza enfrente que entienda las nuevas reglas. Con dirigentes que no se dejen mismabolsear con los chorros quedándose mudos, y haciéndose cargo de que una bocha de gente empieza a creer que lo que parece barato termina saliendo caro. Si no, aquél 54% de 2011 que se convirtió en 37 ahora, corre riesgo de terminar siendo sólo un grupo de Facebook que resiste con aguante, pero sin votos.