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16 de Octubre de 2017

Diguez Ontiveros: Reapareci la zona liberada

LaNoticiaWeb dialogó con el reconocido abogado penalista de San Martín, que reconoce la lucha contra la mafia de la policía que libra el gobierno bonaerense. Avanzan las causas pero también llega la revancha de los desplazados de la fuerza. El vínculo de los malos policías con las intendencias, y el riesgo del oficialismo de tirar de una soga que pueda tocar a un funcionario propio. Se refirió a la problemática de las dos Comisarías de Villa Ballester. PARTE 1 de la entrevista.

ontiveros1 Ontiveros coincidi que hay un avance sobre los malos elementos policiales

El abogado Diego Diéguez Ontiveros recibió a LaNoticiaWeb en su oficina para profundizar sobre la problemática de las zonas liberadas y la lucha que el gobierno parece dar contra algunas mafias del conurbano. En la segunda parte se refiere a la pelea contra la delincuencia narco y sus vínculos con la clase media.

Hay una idea fuerza del gobierno, que uno no sabe si es verdad o es una estrategia para inmacular a la gobernadora Vidal, que es el concepto de la “lucha contra las mafias”. Se ve un avance en causas de corrupción pero siempre con el objetivo de referentes del kirchnerismo y no de todo el abanico político y económico. ¿Es cierta la idea de que se está peleando contra las mafias?

Hay una pelea. No sé si rotularlo como “pelea contra las mafias”, o algo así de marketinero. Pero hay una lucha, al menos en la Provincia, contra los malos elementos de la Policía. Implica en dejar de proteger o “aguantar” a ciertos comisarios, subcomisarios o funcionarios policiales que a viva voz se sabía participaban de estafas de horas extras, cobro a comerciantes, bandas mixtas. Hay un avance en la punición y detección de esos elementos, apartamiento inmediato y preventivo, y además el inicio de causas penales.

Hay una consecuencia. No se termina todo en la sanción administrativa.

Claro. Hay una consecuencia que impacta dentro de la fuerza. Para un policía que recién empieza, que viene de una familia honesta, no hay nada mejor que saber que quienes hacen las cosas mal son purgados. Junto con la época de Arslanian son los intentos más serios de purgas y mejoras. Nosotros lo notamos directamente en la estadística.

Cualquiera pensaría en mantener ordenadas a sus fuerzas de seguridad. Pero en general no se puede avanzar demasiado por el fantasma de las represalias. La revancha, los heridos, los viejos socios, la mano de obra desocupada. ¿Eso no sucede ahora?

Sí. Por eso reapareció la zona liberada, la huelga de brazos caídos. Es una convivencia dolosa entre el funcionario y el delincuente, pero es suma el descontento de la fuerza que se siente investigada y señalada por la sociedad y los medios, en base a sus propios errores. Porque se descubren los sobres, la ruta del dinero, familiares con propiedades. Eso impacta. Esto entonces hay que sostenerlo en el tiempo, vencer esos miedos, y no aseguro que Vidal lo termine de solucionar. Hay que continuar este proceso. Las depuraciones no son de un día para el otro. La Policía de Buenos Aires es un ejército. Hoy se está tocando a autoridades, jefes de departamentales. Eso produce inmediatamente una revancha, y hoy queda muy visibilizada la banda mixta, el trabajo en conjunto, que generan nuevos focos de ataque en la continuidad de las investigaciones. Y en esa continuidad caen funcionarios municipales, como pasó en La Matanza. Esta connivencia es imposible sin la pata política. Es como en el narcotráfico.

¿Entonces la estrategia es doble? Purgas la fuerza y mandas un mensaje: si tiro de la soga, sé que llego a funcionarios políticos vinculados a la oposición.

Por supuesto. Lo veo bien, más allá de que se use como estrategia política. Es bueno como estrategia de política criminal.

Lo digo sin juicio de valor. Simplemente para describir que sirve como doble pinza.

Eso también es un riesgo. Porque con el paso del tiempo podes tocar a un funcionario propio.

Y ahí se verá hasta dónde es honesto el gobierno en este avance.

Eso va a pasar en el conurbano bonaerense, y de Santa Fe y Cordoba, donde el gobierno ya tiene muchos intendentes. Son lugares con grandes posibilidades de encontrar estas anuencias con los Secretarios de Seguridad o Gobierno, o los mismos Intendentes. Hay que ver si es una complicidad silenciosa o activa. Pero a mi entender es doloso igual. En la época de Arslanian se detectó que la connivencia llegaba hasta el Ministerio de Gobierno de la provincia.

¿Qué pueden hacer los intendentes? Siempre escuchamos que dicen que no tienen demasiada injerencia en la seguridad, y que hacen los pequeños aportes que pueden. ¿Cuál es el hilo que llega a tocar a un intendente?

La relación con las comisarías a través de la Secretaría dedicada a eso. Muchas veces no se trata de dinero, sino de pedir que no suceda en el territorio determinados casos de inseguridad. Entonces la comisaria hace una “migración del delito” al distrito vecino. Lo empujan al lado. Y eso no es gratis. Y si el Intendente no pide eso, seguramente lo pide algún otro, de otro lugar, como interlocutor de algún funcionario del gobierno municipal o bonaerense. Y después ves como los comisarios terminan recibiendo nombramientos importantes. Ocurre en todos los distritos. Y te migra el delito durante años. Eso fomentó que en San Martín se generaran muchos barrios marginales, y ser uno de los principales proveedores de delitos al sistema provincial. Somos Capital de la Industria y de Generación de Delito, junto a La Matanza o Lomas de Zamora.

¿Esto que contás tiene algo que ver con los episodios que se vivieron en las comisarías de Villa Ballester? En la 9na. cambiaron al comisario y en la 2da. hubo una fuga de detenidos.

Seguramente hubo un trasfondo. Una fuga siempre es programada. Siempre alguien mira al costado. En la 2da. de Ballester se escaparon por la tapia del fondo. No hay planes cinematográficos. Y la 9na. en la Plaza Alem es una comisaria que históricamente tiene conflictos con zonas liberadas. Es una zona semi residencial. Hace poco asaltaron un restaurant nuevo cuatro personas a una cuadra de la comisaría. Actuaron tranquilamente, sin miedo a la presencia policial. O sabían que no iban a venir o sabían que no se mueven de ahí y no hacen la ronda. No se ve presencia policial en ese lugar. Esa habitualidad el delincuente la conoce. Aunque cuando son socios no necesitan observar. Eso impacta en el mundo político, porque implica no querer avanzar sobre esa comisaría. Pero hoy parece que esa decisión existe. Después también está el manejo de redes sociales. El periodismo amateur de cada ciudadano indignado con su policía.

¿Se rompió el vínculo del ciudadano y la policía?

Hoy la gente tomó como propio el concepto de “zona liberada”. Es un término viejo que la gente no tomaba por respeto a su policía, casi como un resabio de la dictadura. Hoy la gente le perdió el miedo, increpa a la policía, lo interpela cuando ve que el agente no cumple.

Además hay más conocimiento legal.

Claro. Hace más de 5 años las fiscalías aceptan denuncias por mail porque la gente desconfía de ir a la comisaría. La gente te llama y pregunta dónde denunciar. Hay un apoderamiento de conocimientos básicos. Y mucho más la juventud, que entra a Google y pone “cómo denunciar sin ir a la comisaría”. Eso es bueno. Es una curva mejoradora en la seguridad ciudadana. Y esto provoca que la comisaría de la zona sepa que no tiene anuencia para hacer cualquier cosa. En una época los comisarios manejaban el clamor social utilizando como referentes a ciudadanos o comerciantes de la zona. Hacían falsas reuniones, ante públicos afines, pro policías, las cooperadoras policiales. Era “gente de bien” que apoyaba a su “comisario de bien”. Hoy el comisario de la 9na. no puede ir a un foro con vecinos de la cuadra porque lo matan. La gente les dice donde roban, donde venden droga, que el 911 dejó asentado el reclamo. La gente sabe más para exigir.

Esto que siempre se comenta, que el vecino sabe dónde se vende la droga y el comisario no.

Esto se cocinó muchos años y ya llegamos a esa instancia en que la gente no respeta al policía que no trabaja honestamente.