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2 de Agosto de 2017

Macri y el ajuste que viene

El Gobierno de Mauricio Macri apuesta a fortalecerse políticamente para profundizar el ajuste. Se lo plantea como necesidad toda una serie de economistas del establishment liberal que hoy está fuera del gobierno; José Luis Espert, Miguel Ángel Broda, Aldo Abram, Javier Milei, Agustín Etchebarne, por citar sólo algunos. Ahora se le suma una de las calificadoras de crédito con mayor influencia en el mercado: la estadounidense Standard & Poor"s.

S&P publicó un informe donde insta a efectuar un ajuste de shock. Le pone fecha: inmediatamente después de las elecciones. Señala objetivos concretos: eliminar la totalidad de los subsidios a los servicios públicos, lo que implicaría tarifazos de un tenor muy superior a los que ya se produjeron. Y dos advertencias: la primera, explícita, que esa sería la única forma de alcanzar las metas de inflación previstas para los próximos años. Y la segunda, implícita, orillan la amenaza: S&P no elevaría la calificación argentina (actualmente en B, en zona especulativa, cuatro escalones por debajo del investment grade) si no se sigue el camino recomendado.

Se acumulan las señales de que el Gobierno de Macri se jugaría a una reforma fiscal, que reduciría la presión fiscal a las grandes empresas, pero no la regresividad general del sistema; a la flexibilización laboral, para seguir el modelo de la reciente reforma laboral brasileña; y previsional, que aumentaría la edad jubilatoria y eliminaría los dos reajustes anuales automáticos. S&P le agrega a esta agenda una aceleración de los tarifazos.

Se trata de las recomendaciones de una calificadora de riesgo. El objetivo de su planteo es que, tras la reducción del déficit primario, quede una mayor holgura fiscal para que nuestro país siga tomando crédito, aumentando así el barril sin fondo de la deuda externa. No es un dato menor el origen del informe: proviene del economista jefe de S&P para América Latina, el argentino Joaquín Cattani, ex subsecretario de Financiamiento de Domingo Cavallo en la década del noventa. En esos años efectivamente se redujo el déficit fiscal vía la venta de "las joyas de la abuela", léase: los procesos de privatizaciones, lo que habilitó inmediatamente la colocación de un verdadero festival de bonos que terminó tornándose impagable hacia fines de siglo y, a la postre, llevó a la crisis de fines de 2001.

Frente a este horizonte de mayor ajuste, endeudamiento creciente al servicio de los especuladores internacionales y, lo anticipamos, un futuro donde volveremos a crisis económicas como las que vivimos en 1982, 1989 o 2001, desde el Frente de Izquierda le oponemos el único programa viable para los intereses de la clase trabajadora y el pueblo: suspender inmediatamente los pagos de deuda externa, y volcar esos recursos al servicio de resolver las más urgentes necesidades populares de trabajo, salario, vivienda, educación y salud.