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18 de Abril de 2017

La Pascua de la Democracia

Mucho ha escrito la historia sobre el levantamiento "carapintada" de la Semana Santa de 1987. Pero lo que hoy te quiero contar no tiene que ver con las causas, los actores, los líderes o los contextos. Te quiero compartir el sentimiento de indignación, bronca, valor, temor, tristeza y alegría que en esos cuatro días y en forma contradictoria, millones de argentinos vivimos.

Por Carlos Castellano, presidente Concejo Deliberante de San Isidro

Tras la recuperación democrática, los informes de la CONADEP y el infructuoso intento para que las Fuerzas Armadas auto juzguen a quienes hubieran cometidos delitos de lesa humanidad, el Presidente Raúl Alfonsín decidió que sea la Justicia Penal quien entonces procediera a investigar y sancionar a los culpables. No había celulares, internet, whatsapp, facebook, twitter o instagram.

Por radio primero y luego por los noticieros nos enteramos del acuartelamiento de un grupo de militares que pretendían desobedecer las citaciones emanadas por la justicia.

La mayoría de los argentinos habíamos elegido vivir en libertad y respeto a la ley. Habíamos entendido que solo ese era el camino que podía garantizar los derechos y libertades de todos, pero fundamentalmente de los más débiles.

Sentíamos indignación. Porque observábamos como un grupo de militares -formados en los espejos de próceres como Belgrano o San Martín-, utilizaban la capacitación, los uniformes, las instalaciones y las armas que la ciudadanía argentina les había otorgado para defender a la Nación, con fines corporativos y personales intentando desobedecer órdenes judiciales y preservar privilegios típicos de sistemas autoritarios. Este accionar debilitaba la joven democracia que con tanto dolor los argentinos habíamos recuperado y queríamos consolidar como forma de vida.

Sentíamos bronca. Porque una minoría armada amenazaba a una mayoría que había elegido vivir en paz y libertad. Porque unos pocos violentos pretendían quebrar la esperanza de justicia, verdad y memoria que los argentinos necesitábamos para sanar las heridas de un terrorismo de estado que había destruido los principios éticos y morales que toda sociedad necesita para sentirse Patria.

Sentíamos temor. Porque los violentos querían volver a imponerse sobre la razón. Miedo de que nuevamente las mezquindades políticas y sociales debilitaran la causa común de elegir vivir en libertad, respeto y solidaridad.

Pero ese mismo sentimiento también nos hizo sentir valor. Valor para decirle a los violentos que los argentinos queríamos ser artífices de nuestro presente y de nuestro futuro. Valor para salir a repudiar cualquier intento de limitar la democracia. Valor para recorrer barrios junto a otros militantes de diferentes espacios partidarios para decir #NuncaMas a una dictadura. Era el valor de las convicciones, las ideas, los valores de una sociedad libre.

Pero también aparecía la tristeza de quienes tras tantos años de ver como militares y civiles atentaban contra las libertades, ya no confiaban en que la democracia podía consolidarse en la Argentina. Era la tristeza de saber que todavía para muchos compatriotas la democracia no era un valor, no la sentían parte de sus derechos, les era indiferente lo que pasaba con ella. Tantos años de dictaduras había construido una cultura individualista y autoritaria.

Y ese domingo de Pascuas de 1987 llegó la alegría de ver una Plaza de Mayo colmada por el pueblo, con la presencia de los principales dirigentes políticos de la Argentina Democrática para mostrarles a los nostálgicos de la violencia que la mayoría del pueblo quería que las diferencias se resuelvan dentro de la urna de la participación ciudadana. Que ya no queríamos que unos iluminados nos digan cuales iban a ser o no ser nuestros derechos. Que radicales, peronistas, demócratas cristianos, intransigentes, desarrollistas, liberales, comunistas, independientes, progresistas y conservadores decíamos que se acabó la Argentina de los golpes de estado.

Ese día todos teníamos una causa común: defender el Estado de Derecho establecido en la Constitución Nacional. Ese día la democracia pasó a ser una causa nacional más allá de las diferencias partidarias. Ese día el #NuncaMas se manifestó con la magnitud que solo la participación de ciudadanos de una sociedad libre pueden expresar. Ese día la democracia en la República Argentina había dado su salto de calidad para lograr su consolidación.

Lo que vino, con aciertos y frustraciones, es otra historia.