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7 de Abril de 2017

Una herramienta histrica

Los paros generales en la Argentina, de 1902 a 2017.

Desde 1983 hubo 40 paros generales en la Argentina, con un promedio de uno cada diez meses. La mayor cantidad y frecuencia de paros generales se registra en dos gobiernos radicales. En cuanto al número, Raúl Alfonsín ocupa el primer lugar con 13 paros nacionales en su contra, mientras que, si se tiene en cuenta el tiempo de gestión, encabeza el ranking el gobierno de Fernando de la Rúa, con casi un paro general cada tres meses. Es difícil saber cuantos paros generales hubo en toda la historia argentina. Entre otros motivos debido a que hubo numerosas divisiones de las centrales obreras y muchas veces las convocatorias era muy parciales. Pero la modalidad de la huelga general ha sido muy utilizada, y por variadas razones. Es una práctica desconocida en Estados Unidos y muy poco frecuente en la mayoría de los países de la región.

La primera huelga general de orden nacional sobrevino en noviembre de 1902. Comienza como un conflicto específico de los estibadores de Buenos Aires que se niegan a cargar bolsas de más de 70 kilos. Iniciado el conflicto, el 17 de noviembre se suman los trabajadores del Mercado Central de Frutos de Barracas, y le siguen los Conductores de Carros. En este panorama, la FOA (anarquista) lanza, con la oposición de la UGT y Partido Socialista, lo que fue la primera huelga general nacional. Esto provoca el espanto de las elites. Como consigna el historiador Alejandro Belkin, el diario La Prensa publicó el 21 de noviembre de 1902: “se ha planteado, pues, todo un problema económico de primera magnitud, que afecta por sus fundamentos a la riqueza pública.” Inmediatamente después se reunió el Congreso Nacional y aprobó la Ley de Residencia, artilugio que posibilitó la expulsión de miles de activistas inmigrantes durante muchos años.

Dos años después se produjo la segunda huelga general. El historiador Agustín Santella cita el documento fundacional de la UGT en donde se lee “la huelga general puede ser un medio de lucha eficaz cuando sea declarada contando con una previa organización que ofrezca probabilidades de triunfo…”1

En la primera década del siglo XX hubo diez huelgas generales. Claro que el alcance de estas no es comparable a la contundencia y extensión de la Argentina post peronista, pero su radicalidad y capacidad de daño económico fueron insoslayables. En aquellos años, si los trabajadores ferroviarios y los portuarios paraban, el éxito estaba garantizado, la rueda de la nación agroexportadora se detenía. El Estado respondía con represión. Ante cada huelga general se declaró el estado de sitio. Se prohibieron los diarios obreros y se encarcelaron miles de activistas.

A partir de 1930 se empezaron a desarrollar los gremios industriales y la modalidad de las huelgas se modifica. Entre 1930 y 1943 la gran mayoría de las 104 huelgas generales se realizaron en localidades.

En 1945, el movimiento popular que estalló el 17 de octubre fue una iniciativa de los trabajadores que desbordaron a los dirigentes de la CGT, quienes después de algunos cabildeos habían llamado a una huelga general para el día 18.

Si bien los movimientos huelguísticos nunca se detuvieron, durante todo el período de gobierno peronista no se registraron paros generales en contra del gobierno, por el contrario hubo algunos en favor y apoyo a Perón. Durante esa época la tasa sindicalización paso a niveles enormemente mayores a cualquier otro país latinoamericano y los dirigentes sindicales se compenetraron en funciones estatales.

La huelga general volvió a convertirse en instrumento privilegiado en el momento de la confrontación, cuando el sindicalismo fue expulsado del estado junto con el peronismo. La politización y la experiencia peronista transformaron la organización sindical, la cual adquirió una mayor centralización, concentración y nacionalización territorial.

Entre 1955 y 1976 se realizaron 41 huelgas generales, de las cuales 28 tuvieron alcance nacional y 13 alcance local, provincial o regional. Esto señala un cambio fundamental respecto a las huelgas generales previas. Durante esta etapa, como en casi toda la historia del sindicalismo argentino, hubo numerosas divisiones. El surgimiento de una línea combativa cristaliza en la formación de la CGT de los argentinos en 1968. La llamada “burocracia sindical”, fue fuertemente cuestionada por dirigentes con mucho peso entre los trabajadores. Tal vez el momento en donde más significativamente se escenificó este conflicto fue en el debate televisivo que protagonizaron José Ignacio Rucci y Agustín Tosco, el 13 de febrero de 1973 con la mediación de Gerardo Sofovich.

La lucha por el retorno de Juan Perón a la Argentina generó muchas huelgas generales de tono marcadamente político e ideológico. El gran día del esperado encuentro en Ezeiza, el 20 de junio de 1973 que terminó en una masacre, estuvo enmarcado en una gran huelga general de bienvenida, de la que se exceptuó a los servicios de transporte para que la gente pudiera ir a ver al líder.

Un punto de inflexión se precipitó el 7 y 8 de julio de 1975, el país se vio conmovido por la primera huelga general contra un gobierno peronista. Claro que ya no estaba Perón en el poder, fallecido un año antes. El detonante fue el anuncio del gobierno de Isabel Perón de lo que se dio en llamar “El Rodrigazo”. El intento de un gigantesco y brutal ajuste sobre los salarios que se vio frustrado por la reacción poderosa de todo el movimiento obrero organizado en un paro de 48 horas.

Esas resistencias al ajuste son las que vino a tratar de derrotar el Golpe de Estado de 1976. Bajo el imperio del Terrorismo de Estado, las posibilidades de huelga general contra la destrucción de las conquistas laborales se hicieron ilusorias y hasta suicidas. Pero en 1979 la situación empezó a cambiar. La CGT Brasil, liderada por Saúl Ubaldini y opuesta a la negociadora CGT Azopardo, liderada por Jorge Triaca (padre), declaró un paro general que inició una línea de lucha que se coronó con la marcha a Plaza de Mayo del 30 de marzo de 1982. Un gran desafío y duro jaque a la dictadura.

Con el regreso de la democracia las huelgas generales se convirtieron en parte del folklore de nuestra cultura política. Durante el gobierno de Alfonsín la CGT realizó 13 huelgas generales, ocho a Carlos Menem en sus diez años de gobierno. Con De la Rúa se batieron todos los records: 9 huelgas generales en dos años, la última de las cuales fue el 13 de diciembre de 2001, a seis días de su caída por una explosión popular. Eduardo Duhalde, como presidente interino, enfrentó 3 paros generales, uno cada 5 meses en promedio. Néstor Kirchner, en cambio, solo tuvo un paro general, y el primer mandato de Cristina Kirchner ninguno. En el segundo, sin embargo, afrontó 5 paros generales encabezados por Hugo Moyano, con la reivindicación insignia, y a veces exclusiva, de eliminar el impuesto a las ganancias.

Curiosamente, en este paro general, el primero contra el presidente Macri y número 40 desde el regreso de la democracia, ya nadie habla de ganancias, todos lamentan las pérdidas.