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4 de Abril de 2017

La negociacin por el Pen de Gibraltar, un espejo para Malvinas

 La opinión del ex vice canciller sobre el conflicto en el Atlántico Sur. 

España ha logrado un derecho de veto en la Unión Europea sobre el futuro de Gibraltar. El punto 22 de las directrices del Consejo Europeo para negociar la salida del Reino Unido de la UE lo deja reflejado con claridad. Significa que cuando el Brexit se consume, la colonia británica quedará automáticamente fuera de la UE y que los acuerdos que se alcancen entre el Reino Unido y la UE solo serán aplicables a Gibraltar si España da el visto bueno.

También deja en evidencia que la balanza del apoyo europeo se inclina a favor de Madrid al reconocer que el contencioso se resuelva por la vía del diálogo bilateral conforme a la Declaración de Bruselas de 1984. Se abre así un período en el que el realismo debería atemperar los términos del Tratado de Utrecht de 1713. La nueva situación da más sustento a los antecedentes jurídicos reconocidos por lasNaciones Unidas en las resoluciones pertinentes de que Gibraltar es un territorio no autónomo bajo supervisión del Comité Especial de Descolonización.

Asimismo, permite desempolvar la oferta española de cosoberanía (inspirada en la propuesta británica a la Argentina de 1974), que se llegó a negociar entre Londres y Madrid en el 2002, en un intento de aprovechar las consecuencias del Brexit para poner fin al diferendo.

Las expresiones del Canciller español son claras en ese sentido al decir que “la elección de Gibraltar es sencilla, británicos fuera de la UE o hispano británicos dentro de la UE”. Estas circunstancias marcarán el futuro del Peñón en una zaga diplomática que lleva más de tres siglos. A diferencia de Irlanda del Norte y Escocia, Gibraltar no dispone de ninguna autonomía territorial, lo que la deja fuera de cualquier negociación colectiva. Los efectos del Brexit suponen que en dos años quedará separada de un mercado de 520 millones de personas del que gozó con comodidad durante 44 años. Al gobierno del Peñón le será difícil explicar a su población (30 mil habitantes) la conveniencia de aferrarse a un estatuto colonial anacrónico cuando podría encontrar vías de acuerdos pragmáticos alternativos con España.

Mientras que las consecuencias del Brexit puede ser un eventual argumento de cierta importancia práctica para Gibraltar, el Peñón cuenta aún con una carta para mantener el statu quo colonial. El Reino Unido es probable que pretenda imponer la cooperación en seguridad en Europa como un arma negociadora. El lobby gibraltareño, ha pedido la atención de la OTAN por considerar “provocativa y amenazadora” la actitud de España al que consideran “un aliado no confiable”. También el gobierno británico ha reafirmado que defenderá a Gibraltar hasta “sus últimas consecuencias porque no se puede cambiar su soberanía sin el consentimiento de su gente¨.

El antiguo líder del Partido Conservador, Michael Howard, ha llegado incluso a señalar que Londres defenderá Gibraltar “como lo hizo Margaret Thatcher con las Islas Malvinas”. Estos ejemplos, entre otros, muestran los distintos desafíos diplomáticos que deberá seguir enfrentado España en el objetivo de recuperar Gibraltar y poner fin a las consecuencias del Tratado de Utrecht. Es de esperar que el realismo se imponga y la diplomacia encuentre las formulas pragmáticas que sugiere el nuevo escenario europeo