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22 de Marzo de 2017

De Framini a Vidal

El domingo 18 de marzo de 1962, cerca de las 6, estábamos en el Sindicato Municipal de Vicente López. Ese era el lugar que se utilizaba para la cobertura de gran parte de la elección de la Primera Sección Electoral.

Por Miguel Ángel de Renzis

Con los dirigentes de primera línea encarcelados por el golpe asesino del 55, las segundas y terceras líneas del gremialismo eran la columna vertebral tal cual Perón lo había indicado, del Movimiento Peronista.

Después de las proscripciones y durante la presidencia de Arturo Frondizi, que había llegado con los votos prestados del peronismo, se utilizó la boleta de Unión Popular para participar electoralmente.

La sede del Sindicato era un hervidero. Entraban y salían compañeras y compañeros de otros distritos, que venían a buscar más boletas por temor a que no alcanzaran.

Mientras compañeros de San Fernando y de Tigre se iban en el mismo vehículo, llegaban otros de San Martin y de San Isidro.

Los miembros de Juventud trabajamos incansablemente.

A las 7 partían rumbo a los lugares de votación con sus respectivas carpetas las fiscales de las mesas femeninas y los de las mesas masculinas.

El secretario general del gremio, Carlos Alberto López, y además, candidato a Intendente por Vicente López, nos juntó en el primer piso, y comenzó a repartir los poderes de fiscales generales. Allí me estaba reservada la tarea.

Me comían los nervios, porque esto coincidía con mi primer voto. No iba a poder votar por Perón pero sí por sus candidatos.

El “Negro” Andrés Framini, dirigente de la Asociación Obrera Textil, y el Dr. Marcos Anglada eran el resultado de la línea interna Lujan-Las Flores.

No existían las computadoras ni los celulares. La comunicación con el Líder exiliado era muy difícil. Entonces Perón usó su astucia: para que en la interna de la provincia de Buenos Aires nadie dudara hizo anunciar la fórmula Framini – Perón (él como vice gobernador), a sabiendas que la Justicia no se lo iba a permitir, pero era el modo indicativo para que Andrés fuera el candidato a gobernador.

En la media mañana llegaban las viandas. En un pan de fonda, una feta de salame, otra de queso, y una manzana verde, cerrados en una bolsita de plástico.

A eso de las 13, un presidente de mesa se enojó, porque al entrar a fiscalizar el cuarto oscuro dijo que ya habían ido del mismo sector, cinco fiscales generales.

Era cierto. Nos sobraba militancia, nos sobraban compañeras y compañeros. Y también nos sobraron votos.

El triunfo de Unión Popular fue estruendoso. Y en Vicente López duplicábamos al radicalismo. El ministro del Interior era Roque Vítolo, un mendocino que era el que más había durado en el gabinete de Frondizi.

Ese día renunció.

Porque además el triunfo de Unión Popular, Tres Banderas, Partido Laborista, Partido Blanco, los distintos nombres que el peronismo usó en el resto del país, también ganaban. Los militares apretaron al presidente, y Frondizi terminó en Martín García, donde antes había estado Yrigoyen y también Perón.

El 11 de marzo de 1973 la formula Oscar Bidegain – Victorio Calabró reafirmaban el triunfo peronista en Buenos Aires, y Carlos Alberto López, que seguía siendo secretario del gremio, fue ungido Intendente.

Las situaciones producidas por la guerrilla y la toma del cuartel de Azul produjeron la salida de Bidegain y asumió la gobernación el metalúrgico Victorio Calabró.

Bidegain venía del nacionalismo y había tenido afinidades con el Eje, y Calabró, de joven, había simpatizado con Josué Posadas, uno de los mentores del trotskismo en la Argentina.

Al final, Bidegain terminó cerca de Montoneros, y Calabró cerca de Massera conspirando contra Isabel.

Antes del regreso a la democracia pasaron por la provincia de Buenos Aires los militares Adolfo Sigwald, Ibérico Manuel Saint Jean, Osvaldo Bartolomé Gallino y Jorge Aguado, que fue el que le entregó el mando al radical Alejandro Armendáriz el 11 de diciembre de 1983.

En el 73 Vicente López había colocado como presidenta de la Cámara de Diputados de la provincia a la compañera Blanca Dacosta. Con el triunfo de Alfonsín las mujeres avanzaron hasta la vicegobernación, y Elba Roulet acompañó al gobernador hasta el 11 de diciembre de 1987.

Acá vienen 30 años de gobierno justicialista en la provincia. Del 11 de diciembre de 1987, a diciembre de 1991, Antonio Cafiero, acompañado de Luis Macaya.

Del 91 al 99, Eduardo Alberto Duhalde y Rafael Romá como vicegobernador.

Del 99 hasta el 3 de enero de 2002, Carlos Federico Ruckauf, que dejó la provincia en llamas y debió asumir el vicegobernador, Felipe Solá.

Del 10 de diciembre de 2007, Daniel Osvaldo Scioli hasta el 2015, acompañado por Alberto Balestrini y por Gabriel Mariotto.

Y aquí viene el cuestionamiento para el peronismo.

El principal distrito electoral del país perdió 70 municipios y también la provincia de Buenos Aires, cosa que históricamente, nunca había ocurrido mientras el peronismo tuvo el gobierno nacional.
Pero un dato interesante de analizar son los orígenes de cada uno de los que llegaron.

Antonio Cafiero, de buen dialogo con el gobierno de Alfonsín, que hasta recibió auxilio económico para la Ferretería Francesa, fue uno de los mentores de la Renovación.

De esa Renovación salieron Duhalde y Solá. También fue renovador Carlos Saúl Menem, que a su vez lanzó a la política a alguien de cuna radical, Daniel Scioli.

Duhalde, con simpatías por la Democracia Cristiana, coincidía con el socialcristianismo de Cafiero. Y a Solá, que le gustaba la izquierda nacional, le tocó entre otras cosas en su vida, tener que manejar los negocios de la agricultura, y hoy será candidato por la Ciudad de Buenos Aires por el Frente Renovador.

Carlos Federico Ruckauf, un abogado vinculado al Seguro, llegó a ser ministro, senador, diputado, vicepresidente y gobernador en fuga, con simpatías por el desarrollismo, en la época en que Genaro Báez era el secretario general del gremio del Seguro.

En la casa de Daniel Scioli en Ramos Mejía, domicilio que le sirvió para dar su pertenencia a Buenos aires, aunque vivía en la calle Jean Jaures de Capital, su padre, Héctor Pérez Pícaro y Alejandro Romay juntaban dinero para la campaña de Alfonsín, a quien Scioli votó.

Es evidente que la esencia marca a las personas. Sus orígenes influyen. Y si bien el General risueñamente expresaba que “peronistas eran todos”, quizás el militante no termine de conocer de dónde vienen.

Hoy Vidal es la gobernadora. María Eugenia es la primera mujer en ese cargo. Los errores de los que administraron 30 años la provincia, lo hicieron posible.

Era el 18 de marzo de 1962. Despertábamos a la vida ciudadana en política. Casi es mejor cancelar la memoria y usar nuestra capacidad selectiva para acordarnos de las cosas buenas. Por ejemplo, del “Negro” Framini, de Domingo Mercante y hasta de Aloe.

Lo otro viene muy confuso. Los años pasan y la bruma del recuerdo nos nubla la visión que debemos tener.

¡Qué bueno sería un gobernador peronista de verdad! Que no regale una zapatilla y le prometa la otra si lo votan. Que no prometa entubar el Salado, sino que lo haga. Que no hablan de plan de viviendas, sino que las construyan. Que la educación y la salud sean atendidas como corresponda. Y que en lugar de negociar con los punteros de las villas piensen en crear trabajos genuinos y viviendas dignas. Lejos del narcotráfico y cerca de la gente.

Que vayan al Estado a servir, y no a servirse.

Un gobernador peronista que entienda que mejor que decir es hacer y mejor que prometer es realizar.