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3 de Marzo de 2017

Tronar el Escarmiento

“Cuando los pueblos agotan su paciencia suelen hacer tronar el escarmiento”. Juan Domingo Perón. 21 de junio de 1973

Vivimos muchos años escuchando como las presiones del Movimiento Obrero generaban cimbronazos sobre el sistema democrático.

Los periodistas de los grandes Medios, autoproclamados como grandes pensadores de la actualidad, no dudaron en decir que cada una de las acciones gestadas por la CGT desembocaba irremediablemente en desestabilización política. Esta afirmación se incorporó en el modo de pensar de la opinión pública y la clase media de nuestro país, tan proclive al pensamiento a través del bombardeo de la información mediática.

Entiéndase bien. Cuando hablo de Clase Media lo estoy incluyendo a usted lector. Al trabajador de fábrica y al empleado de oficina. Al profesional que trabaja duramente todo el día y aun al docente, a pesar de que como dice el gobierno y el bombardeo mediático, este último trabaja sólo cuatro horas vive de vacaciones y la gran mayoría del año se queda en la casa con cualquier excusa y debe ser reemplazado por otro costándole al Estado una doble erogación.
¡Vieron que ahora se puso de moda criticar al docente!, porque es uno de los pocos profesionales masivos que vive de un sueldo del Estado. ¿Cuánto falta para que el gobierno increpe a los médicos de hospital?.

Como le decía. El país debería ser de quien trabaja. Del que lo construye cotidianamente. De quien lo engrandece con su actividad.

Hace catorce meses que el gobierno se propuso la destrucción del trabajo nacional, porque está convencido de que la auténtica imagen del país es la de una Argentina pastoril. Agreste y ganadera, produciendo para la exportación.

Un gobierno convencido de que es inevitable cambiar la lógica de la actividad económica nacional y proyectar la imagen del país agrícola-ganadero hacia el futuro.

Pero tenemos un problema. La Argentina posee una capacidad instalada industrial suficiente como para abastecer las necesidades del mercado interno. A la vez posee mano de obra suficiente como para cubrir las necesidades de las industrias nacionales. Esa mano de obra se cuenta por miles. Si cambia la lógica de acumulación, o sea, si se cierran fábricas para incentivar toda la inversión a la producción del campo, ¿qué haremos con los obreros industriales?.
Es cierto. La CGT va a estallar en reclamos y otra vez saldrán a la superficie los grandes pensadores mediáticos autotitulados periodistas para desacreditar al Movimiento Obrero y augurar una desgracia.

Lo peor de todo es que la verdad es muy otra. Mucha gente votó en contra del Frente para la Victoria, con y sin convicción. Muchos porque estaban en las antípodas de esa propuesta política, porque defendían ésta que hoy intenta el cambio de “paradigma”, como se dice ahora. Los otros porque fueron arreados por el discurso mediático. Escucharon a los grandes medios de prensa y creyeron todo a pie juntillas. Total, ¿qué les podía pasar a ellos si cambiaba algo la cosa?. ¡Si todo lo que tenían lo habían logrado con esfuerzo propio!.

La realidad es que muchas cosas cambiaron aun para ellos. Pero ahora esto es muy duro de reconocer. Los más flexibles, los que se animan al ejercicio de la reflexión, prefieren no pensar. Esperan. ¡A esta altura deben esperar un Milagro!.

Mientras tanto, el Movimiento Obrero, del cual un sector importante también apostó con su voto a generar este lamentable “cambio”, ahora empieza a mostrar la dentadura. La clase Media también se manifiesta. Un sector, el más colonizado por los Medios de Información Masiva proclive a este vergonzante gobierno dice, “ya empezaron”. El otro grupo, el que recibe los azotes o los beneficios, dependiendo de la política de cada gobierno de turno e históricamente calla y se lamenta en silencio y espera, aclama, “ya era hora”.

En definitiva, “la Única Verdad es la Realidad”, supo decir un gran conductor de masas argentino del Siglo XX.
El país no es ni alto ni flaco ni lindo ni feo. Es el territorio, separado del resto del mundo por sus fronteras.

La Nación, es nuestra gente. De allí deberá salir la maravillosa y definitiva respuesta a la debacle. Al derrumbe provocado en catorce meses de antipolítica deberá sucederle un nuevo camino, un emprendimiento que integre a la Nación a través de una confluencia múltiple, que incorpore a todos los que deseamos una Argentina estable, comprometida con su gente, hacedora de oportunidades.

Ese camino virtuoso no se va a generar a través de la gente que nos gobierna hoy, porque han demostrado que ocupan el gobierno para satisfacción de intereses personales o para fomento de las empresas privadas que representan.

Este deberá ser el último gobierno de elite corrompida. La Nación, que es el pueblo, deberá demandarlos para que paguen con todos sus bienes personales, la desgraciada experiencia que le están haciendo vivir a mucha gente, aun a aquellos que sin saberlo votaron en contra de sí mismos.

En este cambio fundacional y regenerativo, deberá estar ocupado el Movimiento Obrero, para romper el cerco mediático impuesto por estos gerentes de empresas extranjeras radicadas en el país, pero que en realidad no son otra cosa que mayordomos de lujo de los intereses internacionales, viviendo a costillas del hambre y la desolación de millones de verdaderos argentinos, que aún no han hecho “tronar el escarmiento”