Para ver correctamente lanoticiaweb, te recomendamos actualizar tu navegador?
13 de Febrero de 2017

Macri y la poltica

 El conjunto de predicciones fallidas sobre Mauricio Macri y su Gobierno deberían formar parte de un análisis tan desapasionado como fuese posible sobre la pertinencia (y, con disculpas, honestidad) de los análisis (y analistas) políticos.

Mauricio Macri estaba condenado desde antes de asumir. Para algunos, por su origen de clase, sólo podía "gobernar para los ricos", lugar común que se convirtió en muletilla de discursos apasionados y programas de televisión.

Puedo ensayar aquí mil relaciones entre el origen de clase de los políticos —incluyendo el colegio al que concurrió el Presidente— y sus desempeños posteriores. No está para nada claro que una cuna humilde o haber concurrido al Nacional Buenos Aires sean una garantía, como podría demostrarlo entre otros Mario Firmenich. Pero el primer baldón ya estaba decidido.

También, visto por ejemplo el desempeño de los bancos durante la era K, podemos reflexionar acerca de la relación entre los ricos y los gobiernos populistas.


La segunda predicción se refería al seguro fracaso del Gobierno de Macri en cuestiones varias: inflación, salida del cepo, crisis sociales, relación con los gobernadores peronistas, manejo del Congreso. Para cada una de ellas, los opinólogos tenían abundante material mes a mes. Siempre se acercaba un nuevo fracaso potencial, una nueva tragedia, una nueva posibilidad de crisis política. Una a una, todas las tragedias anunciadas no se producían y sus agoreros no tenían la honestidad ni la autocrítica necesaria para reconocer su error.

Algunos ruidos propios de la administración cotidiana, como el de las tarifas, eran ensalzados como muestras de un gobierno infante, casi pueril, que iba por ese camino al fracaso total.

El próximo lugar común fue el de la comunicación. "Comunican mal" se convirtió en una frase necesaria si se quería iniciar una conversación en un programa de radio, televisión o en un bar. Indicaba que el emisor conocía las reglas de la buena comunicación y por tanto debía ser respetado. No importaba que la aceptación del Presidente siguiese alta o que se demostrase el fracaso reiterado de las cadenas oficiales, los avisos en el fútbol o los periodistas comprados. "Comunican mal" se fue desarmando poco a poco, a medida que la realidad demostraba su error.

Pero el mayor baldón de Macri, aquel que llenaba renglones de grandes opinadores, era el de su "carencia de capacidad política"; en realidad una afirmación que tenía detrás otra verdad revelada: sólo el peronismo sabe hacer política. Nadie explicó demasiado qué quiere decir esto. ¿Se trata de hacer rosca de dirigentes a la espalda de la gente; de hacer actos con palco y consignas; de repartir canonjías a supuestos líderes populares; de preferir lo superestructural a la relación cara a cara con la gente?

Las burlas al timbreo fueron una expresión que confirmaba el apotegma: ¿cómo se puede hacer política yendo a preguntarle a la gente cómo se siente en lugar de subirla a un ómnibus o entregarle un folleto con las ideas sacrosantas de un partido político? El timbreo era, como me dijo un viejo peronista, la "mariconada de la militancia": "Se hace política ejerciendo el poder, flaco, no tocando timbres".

La respetada Beatriz Sarlo, claramente despistada ante la persistencia y el éxito de esta no política, llegó a decir: "Macri es un neopopulista de la felicidad", frase que muestra en realidad una gran confusión sobre el verdadero objetivo de la política y sobre todo de los modos de relacionarse con la gente.

No pretendo que nadie abandone sus nostalgias ni sus banderas para aceptar que hay otras maneras de gobernar y de relacionarse con la gente; sólo que sería bueno al menos comenzar a dudar de sus certezas y sus lugares comunes.

Por suerte, ya les hemos perdido el miedo a los análisis apocalípticos y nos estamos acostumbrando a trabajar con la cercanía, el optimismo y la seriedad como herramientas en la construcción de un mejor país. ¿Es eso "política"? No lo sé ni me importa.


El autor es diputado nacional por Cambiemos.