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Análisis

Aceptar que estamos ante una ofensiva del capital minero

A lo largo del debate sobre la ley de glaciares, y más aún en las exposiciones de los legisladores nacionales del kirchnerismo sobre la minería y las promesas de desarrollo que la misma supuestamente ofrece para las diferentes provincias del Oeste cordillerano, el Norte y el Sur del país, están ausentes los oligopolios mineros como es el caso de la Barrick Gold y la peor consecuencia de esta actividad: el saqueo de nuestros bienes comunes y la depredación ambiental.

5 de Agosto de 2010
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A lo largo del debate sobre la ley de glaciares, y más aún en las exposiciones de los legisladores nacionales del kirchnerismo sobre la minería y las promesas de desarrollo que la misma supuestamente ofrece para las diferentes provincias del Oeste cordillerano, el Norte y el Sur del país, están ausentes los oligopolios mineros como es el caso de la Barrick Gold y la peor consecuencia de esta actividad: el saqueo de nuestros bienes comunes y la depredación ambiental. Los principales protagonistas de la política de asalto de estos bienes -de la depredación de nuestras tierras- aparecen como nobles caballeros que promueven la inversión, desarrollo y del progreso.

Parecería que la economía, la minería y otras actividades de nuestro país fueran actividades sin sujeto, es decir, actividades que no las realiza nadie. Parecería que cuando discutimos sobre la minería hablamos de una industria en general y no hacemos referencia a las corporaciones ni a las trasnacionales mineras, que son aquellas contra las que han peleado las asambleas ciudadanas a lo largo y a lo ancho de la Argentina. Porque no hay una explotación minera en abstracto, implementada por empresarios de cualquier lugar sin ningún interés nacional. Hay trasnacionales mineras con intereses económicos y políticos protegidos y contemplados por otras naciones.

Nuestro país es verdaderamente contradictorio. Con la Ley de inversiones extranjeras que teníamos en 1974, ni remotamente una trasnacional minera se iba a llevar la ganancia como ahora, sin ninguna rendición de cuenta. En ese año teníamos una ley universitaria que decía que estaba absolutamente prohibido trabajar en una universidad nacional y ser miembro de una trasnacional minera. Hoy las trasnacionales mineras se dan el gusto de financiar parte de la actividad universitaria, y no solamente eso: condicionan los propios desarrollos curriculares y son activas ideológicamente, porque nadie puede negar que en muchísimas provincias hacen aportes, y muchos de carácter muy sentido por la gente: tomógrafos, escuelas y premios; entre otros. Lo que sí tienen a buen resguardo es que en esas escuelas ni por casualidad se puede cuestionar el papel de las trasnacionales. El paso de los años nos ha hecho retroceder en el plano de la conciencia, claro está, dictadura y genocidio mediante. A esto hay que agregar las derrotas de los proyectos nacionales de posguerra en el tercer mundo en los 70 y también la ofensiva neoliberal.

Las trasnacionales mineras han demostrado ser realmente eficientes, porque cuando nosotros estábamos avanzando en el Congreso Nacional en el debate sobre cómo ponerle coto a la ofensiva de este capital trasnacional en la zona periglaciar, para proteger el agua como bien social esencial y los minerales que allí se encuentren, empezaron a plantear cómo hacer para declarar inconstitucional la ley que salga de aquí, ya que tendría el mismo sentido que la ley impulsada por la ex diputada Marta Maffei, y vergonzosamente vetada por la presidenta Cristina Kirchner.

Para emputecer todavía más la cuestión, se están largando a promover que en diferentes provincias aparezcan legislaciones promineras que eufemisticamente se denominan en defensa de los glaciares, promoviendo así la confrontación entre la nación y las provincias con un falso federalismo. Argumentan que los recursos naturales –como los llaman- son de las provincias sugún lo prescribió la constitución del 94 y consiguientemente la nación no tiene que meterse en ellas.

¿Qué diferencia tiene esto con la Standard Oil que, junto con Patrón Costas, gobernador querían sacar el petróleo en Salta, mientras que Mosconi, junto con Yrigoyen, se opusieron tenazmente? ¿Qué es eso? ¿O resulta que Patrón Costas y la Standard Oil eran los progresistas y representaban el desarrollo mientras que Yrigoyen era la entrega y el atraso?

Hay que aceptar que estamos ante una ofensiva del capital minero que se está apropiando de nuestro propio territorio. Es parte de la ofensiva general del capital imperialista por nuestra tierra, ya sea para explotación minera, agrícola o turística. Por ello ha crecido tanto la lucha por la defensa de la tierra ante la política de desalojos implementada por los gobiernos provinciales. En este país se desaloja sin piedad a cualquier campesino que ocupe un área donde se va a construir una mina, donde van a meter un emprendimiento turístico o donde van a sembrar soja.

Hoy existe una operación del capital que no es una entelequia. Tiene naciones que lo apadrinan. El capital es norteamericano, chino o europeo. No hay capitales argentinos que repatríen ganancias de sus inversiones fuera del país. Los de acá mandan sus ganancias para afuera y también las inversiones extranjeras siguen enviando afuera los dólares de ganancia.

Entonces, para nosotros es importante que salga una ley como la de Marta Maffei que sea una protección real para los glaciares y su región periglaciar. Esta ley es importante pero es claro que es insuficiente. Seríamos muy tontos si pensáramos que con esta iniciativa vamos a parar la ofensiva del capital minero y de todos sus socios. Los que tenemos origen peronista y hemos estudiado la historia de la dependencia de nuestro país sabemos con absoluta claridad que la oligarquía y el capital nunca operaron sin socios internos. No operan en abstracto. Los discursos que afirman de que no existe el capital imperialista hoy son totalmente inconsistentes. De la misma manera con sus formas de operar a través de socios internos. Claro que tienen socios y operadores internos. Contra estos socios es con los que pelean los movimientos sociales ambientalistas cuando no directamente con el capital oligopólico minero.

Para el movimiento popular, una ley de protección de glaciares como la señalada en el párrafo anterior es sumamente importante. Va a ayudar a todos los compañeros y compañeras que pelearon a lo largo de la cordillera defendiendo los bienes comunes y nuestros propios derechos.

Al mismo tiempo, vamos a dar una muestra de sentido nacional porque cuando estamos hablando de una ley nacional de protección de los glaciares y sus zonas periglaciares por lo menos hacemos referencia a un cierto marco de encuadre territorial donde las provincias son parte de una nación y no coto de caza del capital imperialista. También se abre de manera concreta y pública la posibilidad de las evaluaciones ambientales y además tener un inventario de los glaciares y las zonas periglaciares.

Pero seamos concientes. Simplemente estamos poniendo una pequeña valla porque hasta ahora el capital viene mostrando que es más poderoso que nosotros. Mientras avanzábamos a paso lento, ellos ya estaban dando varios pasos más. Es necesario fortalecer la conciencia ambiental y la denuncia a este capital imperialista que viene a saquearnos. La única forma posible de derrotarlos es con la rebelión popular y para esto es imprescindible el desarrollo de la conciencia ambiental y la política.

 

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