Como ocurre ya demasiado a menudo, el oficialismo termina por atribuirle a una política sistemática de distorsión que los medios practican con saña sobre su mensaje cualquier rectificación o enmienda que deban efectuar sus funcionarios en forma directa o velada, escapándole a la incómoda responsabilidad de hacerse cargo de lo que dicen u omiten informar de forma adecuada.
La desmentida sobre la prohibición impuesta a los diarios Clarín y La Nación en despachos oficiales del Senado bonaerense por su presidente natural, el vicegobernador Juan Gabriel Mariotto, es, por si hiciese falta, otra confirmación de este procedimiento que respeta el impuesto por la Presidenta en la campaña: convertir su palabra en noticia pero eludiendo dar intervención a los periodistas.
Sin la cadena nacional como herramienta pero con el auxilio de la prensa amiga, el vicegobernador intentó ejecutar también el aspecto didáctico de esas ponencias con la presentación de una guía preventiva contra aquella supuesta mala praxis: “Lo que sí yo les advierto que lean una cosa pero que piensen otra, por las dudas.
Lo importante es resignificar , siempre poner el propio pensamiento por sobre la letra de molde. Si uno repite como un loro las premisas falsas sin ponerle mirada crítica seguramente puede ser un incauto.” Sometidos a la prueba de sus propias recomendaciones, esos dichos adquieren otra dimensión: en efecto, el vicegobernador Gabriel Mariotto aclaró que no hay restricciones a La Nación y Clarín , pero confirmó el cese de los servicios que las empresas Fibertel y Cablevisión prestaban al Senado .
Si bien forma parte de sus atribuciones, la medida no se desentiende de la ofensiva del Gobierno contra lo que rotula como “prensa hegemónica y dominante.” Basta de prueba la resolución similar que adoptó su competidor interno y presidente en ejercicio, Amado Boudou , para la Cámara Alta del Congreso.
Las dos, sin embargo, carecerían del capital simbólico que tienen sin el antecedente del inusual operativo de seguridad desplegado por la Gendarmería en las instalaciones de la empresa Cablevisión el 20 de diciembre del año pasado para cumplir la orden judicial de poner fin a una supuesta competencia desleal planteada a la Justicia de Mendoza por una firma radicada en esa provincia: el grupo Vila Manzano. Hay que destacar que un hecho semejante no mereció expresión pública alguna de las autoridades competentes .
La estrecha vinculación de estos acontecimientos abre interrogantes sobre el pensamiento disociado que el vicegobernador Gabriel Mariotto propone para las noticias – leer una cosa, pensar otra – y para llevar adelante una forma de resignificación que entraña riesgos por su tajante extrapolación de la historia.
Su acepción viene gestando una temeraria y novedosa creencia: “gorilas” son todos los que se atreven a disentir con el Gobierno.
